Philip Seymour Hoffman (Fairport, Nueva York, 1967) siempre ha tenido la habilidad de robar escenas. Su aspecto pelín 'freaky' -pelirrojo, piel lechosa y sobrepeso- ha sido aprovechado por Paul Thomas Anderson en todas sus películas: inolvidable como el ayudante gay de 'Boogie Nights' y el enfermero doliente de 'Magnolia'. Ha bordado a simplones, inadaptados sociales y perdedores. Los Coen ('El gran Lebowski'), Spike Lee ('La última noche') y Todd Solondz ('Happinness') le adoran, pero esta luminaria de Broadway tampoco lo hace ascos al cine comercial: aparecía en 'El talento de Mr. Ripley', 'Y entonces llegó ella' y 'Cold Mountain'. Sin ir más lejos, lo próximo tras 'Capote' será la tercera parte de 'Misión imposible', donde ha cobrado un pastón por ser enemigo de Tom Cruise.
Tan sólo por calcar el aspecto físico (el actor rebajó sus 120 kilos para el personaje), los ademanes amanerados y la voz atiplada del escritor, este graduado en Arte Dramático por la Universidad de Nueva York merecería el Oscar para el que es favorito tras hacerse con el Globo de Oro y los premios de las asociaciones de críticos. «He tenido que superar más obstáculos que con cualquier otro personaje», reconoce el actor. «La primera vez que vi a Capote por televisión yo era un niño. Y tenía algo que me resultaba alucinante, casi mítico. Me dije que tenía que recordar esa sensación y trabajarla, de manera que el público sintiera lo mismo que sentí yo».
Seymour Hoffman, que no es homosexual, conoce como Capote los excesos: es abstemio desde que, a los 22 años, solventara su alcoholismo. Gerald Clarke, autor de la biografía en la que se basa el filme, recuerda que el escritor de Nueva Orleans llegó a decir que nunca había habido ni habrá nadie como él: «Sin embargo, durante un par de horas Philip se le acerca bastante».