Caen los calendarios, vuelan los días y los años, corren los siglos y ahí sigue Casanova como prototipo de seductor imbatible, legendario libertino, recreadas sus incontables conquistas por enésima vez en el cine. Su mito resiste igual que resiste Venecia y los carnavales venecianos. Hasta hace poco se podía pensar que entre las especies que prevalecen actualmente, ninguna, nadie tenía una vida sexual más desenfrenada que las modelos, los futbolistas de primera división y algunos marsupiales. Pues no es así. En cuestión de sexo el palmarés corresponde a un ser discreto, grande pero humilde que vive oculto en la oscuridad total lejos de cualquier foco y vulgar exhibicionismo. En esa materia se lleva la palma alguien que vive y se refocila a placer en privado a 1.500 metros de profundidad y es un calamar, el calamar gigante. Y fue recientemente que en las costas gallegas se pusieron al descubierto los secretos de alcoba del enorme cefalópodo.
Quién podría imaginar la escena que tuvieron la suerte de contemplar en el centro de investigación marítima de Vigo: una pareja de calamares en pleno ligue acuático, en trance de hacerse la corte; cada uno de los protagonistas del salado flirteo con casi 18 metros de largo y dotados de ocho brazos y dos tentáculos. Por un lado, la hembra que es un tercio más grande que el macho y bastante refractaria a los avances de aquél. Por otro, un buen mozo bien armado presto a desplegar un pene de dos metros y medio, que no es un miembro al uso a juzgar no sólamente por su tamaño: es hipodérmico, perfora, taladra un brazo de la seducida para fecundarla.
Hasta este descubrimiento, sólo los japoneses habían logrado fotografiar uno de estos ejemplares marinos. Los 600 que se han podido observar en el curso de los últimos cuatrocientos años flotaban en la superficie muertos o agonizantes pero ha quedado ahora comprobado que, vivos, se acoplan con entusiasmo. De Casanova perdura flotando a través del tiempo una leyenda ya bastante amojamada de seductor momificado y de ese modo regresa una y otra vez como amante calavera irrisorio, cadavérico conquistador sobre las olas del imaginario colectivo.