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Lunes, 20 de febrero de 2006
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El primer encuentro con la Policía
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Hubo otra noche dramática en la vida de María. Regresaba a su casa tras la jornada laboral y se encontró con la puerta cerrada por dentro con un pasador. «Era evidente que Pablo estaba allí, pero no quería abrir. Lo llamé al móvil, al fijo y también por el portero automático. Le hablaba desde la puerta, pero él no decía nada. No me dejaba entrar». Preocupada y después de dos horas llamó a la Policía. Los agentes golpearon reiteradamente la puerta sin obtener respuesta. A esas alturas, varios vecinos habían salido al rellano y ella se «moría de la vergüenza».

Los agentes, al final, consiguieron entrar. «Mi hijo estaba tumbado en el sofá. Se puso de pie y, con aire desafiante, les dijo: '¿Y vosotros qué hacéis aquí?' Yo no sabía dónde meterme. Pablo estaba muy tranquilo y no mostraba ni el más mínimo respeto por los policías». Eran ocho en total. Cuando se marchaban, uno de ellos le comentó a María: «Señora, no podemos hacer más. La dejamos con el chaval, pero a usted le espera una buena».



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