Por primera vez, la acusación explícita estuvo suscrita por Francia. Fue el ministro de Asuntos Exteriores galo, Philippe Douste-Blazy, quien la formuló, al denunciar que Irán cuenta con un «programa nuclear militar y clandestino». Según el jefe de la diplomacia, «la comunidad internacional está unida» en sus presiones a Teherán. «No sólo estamos los europeos, es decir, Francia, Alemania y los británicos, sino también Rusia y China», agregó.
«La cuestión, hoy, es muy simple: ningún programa atómico civil puede explicar el programa nuclear iraní. Por tanto, es militar y clandestino», dijo Douste-Blazy en declaraciones a la televisión pública France 2. Más tarde, el ministro de Exteriores se quejó de que el régimen persa «no haya escuchado» los «firmes mensajes» de la comunidad internacional para que detuviesen su programa de enriquecimiento de uranio, elemento necesario para contar con una bomba atómica.
Asimismo, explicó que «a partir de ahora, corresponde al Consejo de Seguridad de la ONU pronunciarse sobre lo que se debe hacer y qué medios utilizar para frenar, administrar y cerrar esta horrible crisis de la proliferación nuclear, debida a Irán de forma unilateral».
La respuesta de la república islámica no se hizo esperar. El ministro del Interior, Mostafa Pour Mohammadi, aseguró que a pesar de que su nación ha encontrado numerosos problemas desde el triunfo de la revolución en el país hace 27 años, el país «es suficientemente fuerte para no ser intimidado por los enemigos». «Las amenazas no son nuevas» -añadió-, y siempre han servido para animar a la determinación nacional.