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Miércoles, 15 de febrero de 2006
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Descubren nuevas especies de peces y algas en un arrecife coralino del Caribe
El tráfico de cargueros y superpetroleros amenaza la integridad del frágil ecosistema
NUEVA ESPECIE. Gobio de siete espinas, que representa un nuevo género y especie, hallado en el atolón de Saba. / INSTITUCIÓN SMITHSONIANA
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Una expedición científica ha descubierto al menos una docena de nuevas especies de peces, algas y otros seres marinos cerca de la isla caribeña de Saba, en el tercer atolón coralino más grande del mundo. Durante catorce días de inmersiones en aguas de las Antillas Holandesas, los biólogos han constatado que en el arrecife viven más de 200 especies de peces diferentes, el cuádruple que las que se habían identificado hasta ahora.

«Hemos descubierto prácticamente una nueva especie por cada día de expedición», ha dicho Michael Smith, director de la Iniciativa Caribeña para la Biodiversidad de Conservación Internacional, organización promotora de la misión y que la semana pasada informó del hallazgo de un 'mundo perdido' con decenas de nuevas especies en la selva tropical de la isla de Nueva Guinea. Entre los peces que ahora han descubierto los biólogos en el Caribe, hay dos especies desconocidas de gobio.

La formación coralina está en la cima de una montaña submarina, a unos 250 kilómetros al sudeste de Puerto Rico, en las islas Winward. Mark Littler, botánico marino del Museo de Historia Natural de la Institución Smithsoniana, considera que el atolón de Saba es el área más rica en algas del Caribe, con nuevas especies, algunas susceptibles de explotación comercial que podrían favorecer la protección del ecosistema. Paul Hoetjes, biólogo marino del Gobierno de las Antillas Holandesas, cree que los resultados de esta expedición científica van a ser cruciales para la conservación del arrecife en beneficio de las poblaciones locales.

Las 1.500 personas que viven en la isla de Saba dependen económicamente en parte de un arrecife de 2.200 kilómetros cuadrados -más grande que Guipúzcoa- que ahora está sufriendo continuos daños, advierte Hoetjes. Su situación, riqueza de vida marina y vulnerabilidad hacen del atolón de Saba un ecosistema ideal, según los expertos, para ser designado como zona sensible bajo la protección de la Organización Marítima Internacional y regular las actividades económicas que se desarrollan en las inmediaciones.

Un depósito de petróleo de la vecina isla de San Eustaquio genera alrededor del atolón un importante tráfico marítimo, que incluye superpetroleros. Algunos barcos eluden fondear en aguas de San Eustaquio para no pagar tasas, y con sus anclas y cadenas dañan el atolón. «Los científicos han encontrado aquí especies que no existen en otro lugar. No debería haber zonas de anclaje. Si queremos que sobrevivan esos animales, tiene que haber controles estrictos», ha indicado Leroy peterson, un pescador local. Además, los grandes barcos expulsan a las pequeñas embarcaciones de los pescadores de Saba de sus zonas tradicionales de laboreo, dejando trampas que suponen un riesgo para la vida animal.



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