Parecía el final: Alberto Contador se desplomó en la Vuelta a Asturias, en mayo de 2004. Un cavernoma, una malformación congénita, le llenó el cerebro de sangre. Hubo que extirparlo. Tuvieron que abrirle la cabeza en un quirófano. Y resultó el principio: el 17 de noviembre, ante el asombro de los médicos, volvió a subirse a su bicicleta. Parecía una locura. Lo fue: a mediados de enero, en su primera carrera, el Tour Down Under, levantó los brazos. Luego repitió en la Semana Catalana, la crono de la Vuelta al País Vasco y el Tour de Romandía. Parece joven -apenas 23 años-, pero viene de lejos, de una operación a vida o muerte. Parece escalador y también es contrarrelojista. Sentado en una sala del hotel Elba de Estepona, parece un chaval más de Pinto, de mirada despierta y certera, que habla con el cascabeleo de una sonrisa. Que al levantarse de aquella camilla de hospital se hizo centinela de su propio destino. Y que pedalea flotando sobre la imagen que soñó bajo la anestesia: él en el Tour.
-¿Fútbol o ciclismo?
-Lo que más me gustaba era la bici. Lo que ocurre es que de crío lo que había en casa era un balón. Y en la escuela, igual. Yo jugaba de lateral derecho, aunque quería ser delantero. Ahora, la verdad, el fútbol no me quita el sueño.
-Escalador y contrarrelojista.
-Lo mío con la contrarreloj tiene una historia larga. De juvenil, me entrenaba con un chaval al que seleccionaron para el campeonato de España de contrarreloj. A mí, por ser escalador y tan delgado, no me dijeron nada. Me quedé con las ganas. Al año siguiente, ya en el Iberdrola, me presenté al campeonato de Madrid de contrarreloj. Era de inscripción libre. Para ver qué tal. Estuve haciendo 'tras moto' varios días. Era prácticamente mi primera contrarreloj. E hice segundo, detrás de Carlos Castaño. Ese mismo año me convocaron para el Campeonato de España. No sabía cuál era mi nivel. Ni si tenía que correr con lenticular o no. Corrí y saqué la medalla de bronce. Desde entonces, siempre he estado entre los primeros.
-Madrileño y durante años residente ocasional en Azpeitia.
-Tenía 18 años. No sabía ni adónde iba. Lo único que quería era correr en el equipo Iberdrola. Mi amigo Jesús Hernández era de ese equipo y yo 'flipaba' con el material que tenía. Así que llamé por teléfono para ver si me cogían. Me hicieron esperar, pero me aceptaron. Y fui para Azpeitia. A un piso lleno de ciclistas. Cada uno de un padre y una madre, pero con muy buen ambiente. Estaba con Jesús Hernández, Grau, Benítez, Oroz, Aranaga, Agirrezabala, Zumeta.... Comíamos en el restaurante de enfrente. Me sentí allí muy a gusto. Me sorprendía que en Azpeitia me conociera la gente y en mi pueblo no.
Susto en Asturias
-Accidente y escalofrío en 2004.
-Días antes de desvanecerme en la Vuelta a Asturias, ya tuve malas sensaciones. Acudí a la Clásica de Alcobendas y noté un tremendo dolor de cabeza. Corrí porque nunca pensé que iba a tener un problema en el cerebro. Tuve que subirme al coche. Luego fui a la Subida al Naranco y mejoré algo. Pero ya en la Vuelta a Asturias volví a sentirme mal. Antes de aquella etapa me entró una tiritera. Me puse mucha ropa. En carrera, de repente, se me pusieron los ojos en blanco. Los compañeros me preguntaban qué me pasaba. No contestaba. Iba por inercia sobre la bicicleta. Empecé a tener convulsiones y me caí.
-De una cama de hospital en 2004 al podio en enero de 2005.
-La victoria del Tour Down Under será siempre la mejor de mi vida. Pasé de estar un mes en el hospital sin saber siquiera si iba a poder hacer una vida normal, a ganar una etapa en la primera carrera. Recuerdo que el primer día de esa vuelta me saqué un montón de fotos con el dorsal puesto. Hice un vídeo casero porque ni me lo creía. Estar allí fue el mejor premio.
-'Querer es poder'. Esa es la frase que les dijo a sus padres sólo tres horas después de la intervención en la que le extirparon el cavernoma cerebral.
-Sí, se la había escuchado a mi madre muchas veces. Lo pasamos muy mal. Sé que hay cosas que son imposibles, pero si pones todo lo que tienes para lograr algo, hay muchas posibilidades de que lo consigas.
-Armstrong y Contador, dos supervivientes.
-Siempre me he fijado en él. Es un campeón. Le admiro una barbaridad. Cuando leí el libro por primera vez no hice mucho caso a los detalles sobre el cáncer. La segunda vez fue en el hospital. Allí sí que lo leí con todo el interés. Me animó mucho.
El Tour, su carrera
-Presente y futuro.
-Ahora lo que tengo que hacer es confirmar este año lo que hice el anterior. Hay que ser ambicioso. Sin conformarse. 2005 fue muy bueno, pero la planificación fue un poco más improvisada por venir de una enfermedad. Estuve disputando a tope desde enero hasta el Tour de Romandía. Llegué al Tour algo saturado. Ahora todo se ha planificado al detalle. Para el futuro, bueno, tengo que madurar. Ilusión, desde luego, me sobra.
-El Tour y Contador.
-Me gustó mucho, mucho.
-¿Desde Pinto al podio de París?
-Hombre, sueño con el Tour. Por soñar.... Haré todo lo posible por estar ahí, pero hay que ser consciente de que entre todos los ciclistas del mundo sólo lo gana uno.
-El mejor y el peor día sobre la bicicleta.
-El mejor, sin duda, cuando gané la etapa del Dow Under. Recuerdo que en la recta final iba loco por llegar y llamar a mis padres y a mi novia para contárselo. ¿El peor? No sé. Desde luego no fue el del accidente. Aquello me reforzó, me hizo apreciar más las cosas.
-Su familia y Manolo Saiz.
-El accidente nos unió mucho. Mis padres conocían a Manolo por lo que leían en la prensa, donde a veces no queda muy bien parado. Y se encontraron con alguien que apoyó en todo a su hijo, sin saber si iba a poder seguir corriendo. Mis padres se quedaron de piedra. En un mundo donde predomina el dinero, Manolo se volcó conmigo y con mi familia. Le estaremos agradecidos de por vida.