Las imágenes de un grupo de soldados británicos maltratando a unos jóvenes iraquíes detenidos tras una manifestación han dado la vuelta al mundo. Antes de conocerse este episodio de violación de los derechos humanos, algunos militares del Reino Unido ya habían sido condenados por malos tratos a prisioneros en Irak y otros terminaron absueltos por falta de pruebas, pero el documento divulgado ahora añade una nota particularmente detestable: el cámara que graba la 'hazaña' jalea a sus compañeros y se burla de los gritos de dolor y las súplicas de las víctimas. Y ninguno de los soldados que van accediendo al lugar de los hechos parece impresionado por lo que sucede. Las televisiones árabes reproducen sin cesar todas estas desgraciadas imágenes.
En términos políticos, las consecuencias van a ser devastadoras por cuanto actuaciones como las que recoge el vídeo son un regalo para el terrorismo yihadista y sus fanáticos dirigentes, que intentarán sacar partido de la munición mediática que se acaba de poner en sus manos. Además, la negligente actuación de los soldados británicos contribuirá sobremanera a que aumente la hostilidad pública contra la guerra de Irak, muy alta en el Reino Unido y directamente causante de la fuerte pérdida de apoyo sufrida por el neolaborismo en las últimas legislativas. El primer ministro, Tony Blair, ha prometido una investigación y han comenzado ya las detenciones. Blair se ha manifestado conmovido, pero seguro de que los autores son una exigua minoría que no representa al conjunto de las fuerzas armadas de su país. Debería ser así, y para ello el Gobierno de Londres tiene que ser inflexible. Si quiere limitar los daños, ha de llevar en el menor plazo de tiempo posible ante un juez a los responsables de tan lamentable proceder.