 Valverde ha cambiado esta temporada su preparación. / EL CORREO
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| LA FICHA |
Datos personales: nació en Las Lumbreras (Murcia), hace 25 años.
Amateur: campeón de España y vencedor de la Copa de España.
Debut profesional: en el Kelme, en 2002. Fichó por el Islas Baleares en 2005.
Palmarés: etapa de Courchevel en el Tour de Francia. Dos medallas de plata en el Mundial. Tercero en la Vuelta a España, con tres victorias de etapa. Triunfos en la París-Niza, Comunidad Valenciana, Vuelta al País Vasco, Clásica de Amorebieta, Challenge de Mallorca, Villafranca, Vuelta a Murcia, Vuelta a Burgos. |
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Tiene los músculos como filamentos. Siempre afinados. Siempre dispuestos, como un resorte. Belmonte es su segundo apellido. De torero. Y así se presenta para la entrevista. Con un punto de gomina alineando los rizos. Valverde es su primer apellido. De ciclista. Y ya tiene un honor para siempre: él fue el último que batió a Armstrong. En Courchevel. Con todo el Tour de testigo. Desde entonces, dice, es su carrera. Y por ella sacrificará todo, hasta la voracidad de su currículo.
-2005 fue un año de altibajos. Triunfo en Courchevel, retirada posterior en el Tour por una lesión. Mucho tiempo luego sin competir, y reaparición con plata en el Mundial. ¿Cómo será 2006?
-Espero que bueno. Estoy muy animado y con mucha ilusión.
-¿Ya ha olvidado el disgusto por abandonar el Tour?
-Hace tiempo. Fue una pena no poder terminarlo. Pero me fui muy feliz con la victoria de etapa.
-¿Y la lesión de rodilla?
-No me ha vuelto a molestar.
-Esta temporada, quizá por primera vez en su vida deportiva, ha iniciado el calendario pisando el freno, reteniéndose.
-Sí. Casi todos los años llegaba a Mallorca en forma. Ahora, he tenido que acostumbrarme a no ganar desde el principio, para así luego aspirar a algo importante en el Tour o las clásicas.
-¿Cómo lleva ese cambio?
-Bueno, bien. Hombre, este año me he entrenado con menos intensidad. En el grupo de Murcia con el que salgo habitualmente (Fran Pérez, León Sánchez, Juliá...) hay veces que me quedo atrás. No les sigo en los piques. Se me hace raro, pero les dejo marchar en algún puerto.
La montaña
-Es el año de la reconversión de Valverde.
-Sí. Estoy cambiando la forma de correr, el calendario y hasta la forma de andar sobre la bicicleta.
-Usted es un corredor de fuerza, de los que utilizan un desarrollo muy duro para subir. Eso desgasta y provoca lesiones.
-Claro, por eso lo estoy cambiando. Llevo dos meses entrenándome con más agilidad de pedaleo y, de momento, me he adaptado bien. El año pasado, en la primera etapa de la Challenge de Mallorca, hice una media de 91 pedaladas por minuto. En cambio, en eta edición ya subí hasta las 105 pedaladas.
-El test definitivo será cuando llegue la montaña.
-Lo sé. Sé que ahí me costará no tirar de piñones para abajo. Pero a ver si lo puedo conseguir. He bajado un centímetro el sillín, he retrasado las calas y he puesto unas bielas más cortas. Antes iba demasiado alto y no podía llevar cadencia. Ahora voy más cómodo y castigo menos las piernas.
-¿Cuándo espera estar ya a su nivel habitual?
-Para la Vuelta al País Vasco. Y luego, para las clásicas.
-Su director, Eusebio Unzúe, le quiere para las clásicas. Hace un par de años, cuando aún estaba en el Comunidad Valenciana, usted declaraba que lo suyo eran las vueltas. Otra reconversión.
-Sí. Las clásicas me gustaban. Pero cuando las hice con el Kelme me parecieron durísimas. Y me dije, ufff, aquí no vuelvo. Ya el año pasado dejaron de asustarme. Eusebio, además, me ha mentalizado para disputarlas. Las puedo hacer bien, sobre todo Lieja, Flecha, Amstel y Lombardía. En Zúrich hace demasiado frío.
-¿No le intimida Boonen?
-Algo sí. Es el mejor corredor del mundo para las clásicas, aunque justo para las que no corro yo, como Flandes o Roubaix.
-¿Se plantea probar algún día las clásicas de pavés?
-Antes de retirarme sí me gustaría debutar en Roubaix. Y el Tour de Flandes igual lo hago antes, porque no es tan exigente.
-Está cambiando de horizontes, de vueltas a clásicas.
-Es que me quedé sorprendido de la gente que mueven las grandes clásicas. Son como el Tour.
-Y hablando del Tour. Hizo media carrera con los mejores y luego se fue con la duda de cómo hubiera sido el final.
-Estuve trece días, pasé la primera montaña dura y me queda algo de duda por saber cómo iba a pasar la segunda montaña. Pero tampoco dudo mucho, porque yo ya he hecho varias Vueltas y, salvo en la edición en la que me caí, siempre he acabado más fuerte que al inicio de la carrera. Fui tercero en la general y con 22 años.
-La opinión pública ya le sitúa como el próximo español en lo más alto del podio del Tour. ¿Comparte ese vaticinio?
-Es un responsabilidad grande. Este año es quizá un poco pronto. Por ahora, estaría bien quedar entre los cinco primeros.
-¿Nota la presión?
-Sí. Y me adapto lo mejor que puedo. Tengo los pies en el suelo.
-¿Teme que por centrarse en el Tour pierda opciones en otras muchas carreras?
-Es un riesgo. El año pasado ya gané en Mallorca. Y luego fui a la París-Niza, acabé segundo y me llevé una etapa. Éste es el primer año en que he cambiado de ritmo. Al final de la temporada sabremos si hemos acertado o si hay que volver a lo de antes. Tengo 25 años y es una buena edad para introducir cambios.
Sin Armstrong
-Es una temporada distinta, sin Armstrong.
-Va a ser el Tour más abierto de los últimos años. Pero hay otros corredores como Ullrich, Basso, Vinokourov o Mancebo que tienen más responsabilidad que yo.
-¿Cuántas veces ha visto su victoria en Courchevel?
-Cuanto más la veo, más me gusta.
-¿Dio ese día el gran salto?
-Sí. Pero más que por ganarle a Armstrong en el sprint, fue por aguantarle a once kilómetros de la meta, cuando arrancó en las primeras rampas. Eso me motivó más que la victoria. Ver que arrancaba como todos los años, como yo había visto en la televisión, y sentir que le podía aguantar fue increíble.
-Dice Armstrong que ahora el favorito es Ullrich.
-Hay mucha contrarreloj, que es mi asignatura pendiente. Desde luego, no es el mejor Tour para mí. Hubiera preferido tener una cronoescalada.
-Basso, Ullrich, Vinokourov... ¿Son más asequibles que Armstrong?
-Hombre, los veo a menos distancia. Estoy más cerca de ellos que de Armstrong. Al americano era imposible dejarle subiendo. Ullrich, en cambio, ha dado muestras de debilidad. Basso perdió tiempo el día que yo gané... Todos tienen algún día malo; Armstrong, no. Con él la táctica era fácil: aguantar hasta que reventaras.