El Correo Digital
Miércoles, 8 de febrero de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Putin en España
Vladímir Putin, presidente de Rusia, llega hoy a España en una visita de Estado -la de mayor rango oficial- destinada a resaltar la voluntad de ambos países por elevar unas relaciones económicas y comerciales que no se corresponden con su potencial. La conducta de Putin, un dirigente todavía joven escogido en su día por Borís Yeltsin como una firme promesa para su círculo íntimo en la llamada 'administración presidencial', ha provocado en Occidente, desde su llegada al poder, controversia y algo más que reticencias por su escaso entusiasmo hacia las reglas de una democracia genuina. Basta recordar su implacable gestión del conflicto en Chechenia o del asunto de la petrolera Yukos y su presidente Mijaíl Jodorkovski, encarcelado en Siberia, para comprender el escepticismo que muchos gobiernos de la UE sienten hacia él. Pero bajo su mandato hay una realidad económica, enfundada dentro de unas instituciones de tenue barniz democrático y una efervescencia consumista que hace olvidar a sus ciudadanos ciertas disfunciones, que empieza a imponerse: el PIB crece -si se incluye la economía informal- cerca de un 10% al año; nunca ha habido más reservas de divisas ni la inversión pública ha sido más intensa; el dinero extranjero afluye sin cesar, animado por un código de inversiones mejorable, pero suficiente, y la Bolsa de Moscú es ya una referencia insoslayable en el panorama financiero.



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