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Jueves, 2 de febrero de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Una vieja evidencia
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A falta de buen fútbol, lo más entretenido de la actualidad rojiblanca vienen a ser las declaraciones de Javier Clemente y Fernando Lamikiz, aunque éste último ya no se prodiga como antaño, como en los días de vino y rosas en los que Mendilibar iba a ser el Ferguson del Athletic y la gloria nos esperaba a la vuelta de cada esquina. La última sentencia del presidente, eso sí, no tiene desperdicio en las actuales circunstancias. Muy grande, digno de su paso a la posteridad en mármol, eso de que «el club va en la dirección correcta». Lo malo de la frase es que provoca un cierto escalofrío a poco que el aficionado se ponga a imaginar lo que ocurriría si el club de sus amores fuese en la dirección equivocada.

Respecto a Javier Clemente, hay una declaración suya sobre la que conviene detenerse y reflexionar. Es aquella en la que, días antes del partido ante el Getafe, aseguraba que su equipo estaba muy cerca de dar lo mejor de sí mismo. «No creo que tengamos mucho más nivel del que estamos mostrando», dijo. ¿Que estamos mostrando dónde?, se le debió preguntar entonces. Y es que la duda ahogaba. ¿A qué partidos se refería Clemente? ¿En cuáles creía que su equipo se había acercado a su mejor nivel? No lo dijo, pero repasando los encuentros disputados bajo su mando -once de Liga y dos de Copa-, es de suponer que se refería a los partidos contra el Betis y el Real Madrid en San Mamés, quizás a la primera mitad en el Camp Nou y, desde luego, a la segunda parte de Anoeta. Más que nada porque el resto había oscilado entre los zafarranchos alocados, los cerrojos sañudos y la vulgaridad más descorazonadora. Vamos, que tampoco había mucho donde elegir.

El propósito de estas líneas no es certificar algo tan evidente para cualquier aficionado con un mínimo de memoria como que este equipo -o uno muy parecido- llegó las últimas temporadas a un nivel de juego y resultados muy superior al actual. En fin, que la declaración de Clemente era una mezcla bastante extraña de desmemoria y autocomplacencia. Tampoco es mi intención constatar el desconcierto que provocan algunas decisiones del rubio de Barakaldo, que es como es y, a estas alturas, no va a cambiar.

Mi propósito es tan sencillo como volver a recordar una vieja evidencia mil veces recordada: que los mejores momentos de fútbol del Athletic tanto esta temporada como las anteriores han tenido siempre, de forma inexorable, un denominador común. La ambición, por supuesto. Es algo que no falla. Dicho claramente: este equipo sólo juega y compite con garantías cuando muestra en el campo una actitud valiente y decidida, cuando no se obsesiona con el rival. En este Athletic apostar por el ataque es apostar por el sentido común. Valverde lo entendió pronto y Clemente, por muy tentador que le resulte demostrar su ciencia futbolística, ésa a la que no alcanzamos el resto de los mortales, debería entenderlo lo antes posible. Y es que, hasta la fecha, el mejor nivel de su equipo ha llegado cuando los jugadores se olvidaron de los temores que vieron en la pizarra.




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