El Correo Digital
Jueves, 2 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CULTURA
A PROPÓSITO
En la guerra
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Norteamérica fue pionera, entre otras muchas cosas, en plantar batalla al tabaquismo, aunque a nuestras calles ya sólo le faltan los típicos vapores de alcantarilla de Manhattan para parecer neoyorquinas con el personal comiendo en las plazas o fumando con aire furtivo en las aceras a prudente distancia del umbral de la oficina. Por eso choca ver a un marine fumando en la guerra, en la de verdad, en la guerra en las que se mata entre humareda de metralla, humo de bombas y proyectiles.

El conocido como 'soldado Marlboro' es un joven que saltó a la fama después de que su fotografía se convirtiera en impactante portada periodística. Su rostro se hizo emblema del horror de Irak por el pavor de la mirada alerta en una cara emboscada en sangre y mugre, imagen de la tensión máxima descargada por un cigarro en la boca durante los atroces combates en esquinas y tejados de la ciudad de Faluya. El soldado Miller regresó al hogar y hoy guerrea con un enemigo que le acompañó solapado en su viaje de vuelta a casa: el síndrome de estrés postraumático. Una pesadilla constante: la memoria disparando recuerdos como fatídicas balas de impredecibles daños en la mente. Ningún mambrú es ya el mismo cuando vuelve de la guerra.

Blake Miller, el soldado aterrado del pitillo, 'el soldado Marlboro', trabajaba. Había firmado un contrato por cuatro años con la Infantería de Marina de EE UU. Y fumaba. Cinco paquetes diarios. Se ve que la prohibición de fumar en el trabajo no rige para los profesionales del Ejército. O sea que los militares no trabajan cuando están en el cuartel o en el frente, en el meollo de la matanza. Cuando la guerra del Pacífico, el soldado americano era el más caro del mundo y pagaba un precio ínfimo por los Camel o los Lucky Strike en la cantina. No hay cine bélico libre de nicotina. Con cigarros se entraba a las 'girls' y se buscaba la confianza de los civiles extraños. Se intercambiaban tabaco entre bandos en las trincheras en tregua. El chicle, el chocolate, la barra de labios, las medias de seda y sobre todo la cajetilla de rubio, eran las armas que sustituía el soldado por el fusil en los fugaces instantes de reposo del guerrero. Según parece, el fumar no es un daño colateral más a añadir al parte de las faenas bélicas.




Vocento
[an error occurred while processing this directive]