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Domingo, 29 de enero de 2006
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CULTURA
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«Preferimos vender y que los premios se los queden otros»
«Estamos orgullosos de ser gente humilde», afirma el trío madrileño, a punto de lanzar un nuevo álbum
COLGADOS DEL ÉXITO. Camela espera revalidar su tirón con 'Se ciega por amor'. / FOTOS: J. RAMÓN LADRA
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UN GRUPO POPULAR
La historia es conocida y parece de cuento. En 1994, los integrantes del trío Camela invirtieron sus ahorros (1.200 euros) para grabar sus primeras maquetas y costearse una tirada de cintas. No tardaron en hacer furor y ser el 'éxito de las gasolineras'. Vendieron medio millón de copias. Al primer álbum -«casero», como recuerdan- le seguirían otros diez, con cifras de ventas igual de impactantes. Pese a las críticas que reciben, ellos se sienten «los elegidos del pueblo». Seis millones de discos avalan su punto de vista.
«Somos tres chicos de barrio, muy sencillos y humildes, que no persiguen la fama y conservan su ilusión». Así deciden presentarse los integrantes de Camela al comienzo de esta entrevista. «Nos mantenemos igual que al principio -aseguran tras doce años de carrera musical-, y cada disco es como el primero», añaden rotundos, aunque cuenten ya con diez álbumes editados que superan cifras de diamante y críticas de acero. «Once -corrigen pronto-. 'Se ciega por amor' es nuestro undécimo trabajo».

A punto de presentarlo ante 'su' público el próximo 6 de febrero, el trío más escuchado, querido y vilipendiado de España define el nuevo LP como «el más elegante de todos». Los años no pasan en vano, al menos para ellos, que ahora hablan de «evolución» y «crecimiento». En suma, de un «avance musical y estético» en el que, sin embargo, ha pervivido «la esencia». «No hemos dejado escapar nuestra 'cosa bonita' -sostienen Miguel Ángel, Dioni y Ángeles-. Somos los mismos y cantamos como siempre».

O sea, a base de 'Tecno-Camela'. «Bautizamos así el estilo porque es un sonido muy nuestro y difícil de definir», explican. Pero está claro que a la gente le gusta, «aunque los 'entendidos' lo tachen de hortera». Con casi seis millones de copias vendidas y ningún premio («ni siquiera el del 'Amigo'», bromean), estos chicos de las afueras de Madrid que hicieron furor en las gasolineras no se cortan ni un pelo al enfrentarse a sus detractores: «Ya ni siquiera nos critican porque saben que, así, sólo nos darán más publicidad».

-¿Les molesta que siempre se mencione su éxito en las torres de casetes de la estaciones de servicio?

-La verdad, estamos un poco cansados. A estas alturas, ya nadie le pregunta a Julio Iglesias cómo empezó y en nuestro caso debería ser lo mismo. Pero siguen insistiendo. Muchos periodistas lo mencionan con 'segundas', como desprestigiándonos. Después de seis millones de discos vendidos, ya podrían parar un poco.

-Pero no lo hacen

-Y ya vale. Está bien que no nos den premios y que nunca nos los vayan a dar, pero tampoco se puede desconocer el gusto de la gente. Para nosotros, éste es el mejor reconocimiento que puede haber.

-¿Les preocupa que jamás les hayan premiado?

-Ya no. No nos importa. Incluso solemos decir que, si nos dieran un premio, no iríamos ni a recogerlo.

-¿Y eso?

-Los trofeos no significan nada. Hay muchos artistas premiados que no venden discos ni llegan a dar conciertos. Lo nuestro es al revés: sin premio ninguno, llenamos las salas y somos número uno en ventas.

-¿Por qué creen que se les niega el reconocimiento?

-Porque España es así. Mejor dicho, su industria. Primero debes triunfar fuera, como le pasó a Mónica Naranjo, para que luego te hagan caso aquí. Además, es más importante ser guapo o tener un tipazo que vender discos.

-¿Y qué pasa con ustedes?

-Que no tenemos cuerpazos, pero llegamos a la gente. Nuestras canciones tocan la fibra de las personas y, sin embargo, eso no lo valoran. No sabemos por qué.

-¿En doce años no han encontrado ni una explicación?

-Después de todo este tiempo nos da exactamente lo mismo. Es mejor que nos dejen vendiendo discos con el cariño de un público fiel. Y que los premios se los queden ellos.

Llegar al corazón

-¿Cómo viven la dualidad del éxito del público y los palos de la crítica?

-Al principio lo pasábamos mal, pero ahora nos trae sin cuidado. Antes sí, nos preguntábamos: «¿Qué hemos hecho para que nos descalifiquen así?». Y lo peor, claro, era que no sólo iban contra nuestra música, sino que también descalificaban a todo el público que nos seguía. Eso nos dolía mucho. Pero con el tiempo, la situación cambió.

-¿En qué sentido?

-A nosotros dejó de importarnos y los críticos dejaron de dar caña. Ya ni se molestan en descalificarnos porque saben que, así, sólo nos darán más publicidad. Saben de sobra que seguimos ahí y que tenemos a nuestro público. Por algo será. La gente no es tonta.

-¿Sigue pesando el origen?

-Algunos periodistas nos acogen muy bien y otros nos miran como si fuéramos horteras. Una vez le dijeron a un amigo nuestro: «Mira los Camela, ¿qué horteras son!». Y él sólo respondió: «Pues esos de los que tú hablas están número uno de España. Si los insultas a ellos, haces lo mismo con miles de personas que compran sus discos».

-Pero, ¿qué han hecho ustedes para ganar tanta fama de horteras?

-Quizás tuvimos algo de culpa al principio, junto con la discográfica antigua, porque nuestra imagen era más descuidada, más de barrio, y eso ha quedado ahí. Aunque nosotros nos sentimos muy orgullosos de ser gente humilde, ¿eh? Nos gusta llegar al corazón de la gente.

Una escalera muy larga

-Ahora los tienen muy mimados

-Sí. Estamos en primera división y nos cuidan un poquito más. Cuando empezamos, íbamos en una furgonetilla desde La Coruña a Madrid y conducíamos nosotros, con todo el cansancio. Ahora nos ponen aviones y autocares.

-¿Cómo evitan que esos cambios y el éxito se les suban a la cabeza?

-Vamos poco a poco. Camela es una escalera muy larga y subimos un peldaño cada vez. Los discos son más bonitos y están mejor hechos. Dentro de nuestra imagen, vamos mejorando Pero tratamos de tomárnoslo con calma. Aunque, claro, ¿sacamos un disco en febrero y en abril ya nos están pidiendo el nuevo!

-Sus canciones siempre hablan de amor.

-Más que canciones, son historias, y eso es parte de nuestro secreto. Son relatos de amor y desamor. Y la gente se identifica mucho con ellos. Nos ha ocurrido en bastantes conciertos que alguien se acerque sólo para decirnos: «Eso que habéis cantado me está pasando a mí». Las personas nos dan un gran cariño. Tanto que, después de un recital, pasamos una hora y media firmando autógrafos.

-Desde hace un tiempo componen a dúo entre Ángeles y Dioni. ¿Se nota mucho el cambio?

-(Responde Dioni) La base es muy parecida, igual que los temas y el estilo. La diferencia es que ahora están presentes los dos puntos de vista: el de la mujer y el del hombre. En una cancion de amor, Ángeles aporta las sensaciones femeninas, mientras yo trato de expresar lo que solemos sentir los hombres. Está claro que, con el tiempo, hemos ido evolucionando.

-¿Y se conserva algo de los Camela originales?

-Sí, por supuesto. Nuestra esencia y nuestra pureza se conservan intactas. Y la temática de las canciones, que son nuestro sello.

-Once discos. ¿Da para tanto el amor?

-¿Hombre! El amor es universal y nunca se va a acabar. Nosotros estamos demostrando que no se agota. Nuestras canciones son historias que vemos, que nos cuentan o que nos ha tocado vivir.

-También han vivido una carrera como de novela. ¿Se imaginaban que iban a llegar tan lejos?

-No. Esto lo hacíamos por hobby y no buscábamos esta clase de vida. Hacíamos nuestras maquetas para entretenernos hasta que, un día, en 1994, llegó un señor y nos ofreció hacer el primer disco. Con el segundo álbum nos lo tomamos un poquito más en serio. Y con el tercero, completamente. Pero en un principio, ni siquiera éramos conscientes de lo que habíamos hecho: vendimos un millón de discos sin aparecer casi en la televisión. No buscamos el éxito, fue él quien nos encontró.

-¿Cómo logran mantenerse unidos después de tanto tiempo?

-Siendo nosotros mismos, aunque esto no quiere decir que nos llevemos de rosas, claro. Tenemos nuestros buenos y malos momentos, como todo el mundo. Pero cuando discutimos profesionalmente, siempre es para beneficio del grupo. A pesar de que tengamos ideas distintas, jamás buscamos la malicia, ni perjudicar a los otros dos.

-¿No han tenido crisis de trío?

-Ja, ja. Sí, las ha habido algunas veces. Pero ha estado bien. Sólo así se puede saber dónde está el límite de cada uno. Ahora ya sabemos hasta dónde podemos llegar y cuándo detenernos. Si algún día sobrepasamos ese punto, será porque ya no nos importa nada y no queremos seguir.

-Su agenda dice todo lo contrario.

-Sí. Hace unos minutos nos estaban enseñando el 'planning' para estas semanas y da miedo. Casi no tenemos tiempo para tomar un café. Pero no nos quejamos. Después de tantos años, seguimos ilusionados como el primer día.



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