Todo lo que tienen cabe en una habitación de apenas 20 metros cuadrados. Pero los proyectos de Madina y sus cinco hijos no tienen límite. Ni de espacio, ni de tiempo. Empezar de cero no es fácil porque las heridas tardan en cicatrizar. En unas horas pasaron de vivir rodeados de lujo, a sobrevivir con las pocas pertenencias que cabían en una maleta. Ahora intentan aprender a pasar página, a superar el pasado para poder encarar el futuro. A la joven madre todavía la cuesta hablar de su vida en Rusia. Y no sólo por el idioma, que poco a poco está superando, sino por la cantidad de recuerdos que le vienen a la cabeza. Son demasiado dolorosos y no quiere que sus niños sufran. Si ella aparenta estar bien, ellos también lo están. Kameil y Gazi se han convertido a la fuerza en los hombres de la familia.