La historia de la raqueta está ligada a la caza desde la prehistoria, cuando la supervivencia estaba en juego. Desde la antigüedad, los hombres han utilizado accesorios en los pies -cañas, pieles, etc.- para desplazarse con rapidez por la nieve y poder así cobrar las piezas. Aquellas primeras raquetas eran grandes, pesadas e inservibles en cuesta o con nieve dura o transformada.
Parecía una actividad estancada, reservada a aventureros y amantes de los grandes espacios, hasta que en 1979 salieron al mercado los primeros modelos que incorporaban el plástico. Eran más manejables, polivalentes y ligeros. Fue el despegue de un deporte que se ha extendido por toda Europa. Se trata de una actividad muy completa que no presenta límite de edad, ni requiere saber esquiar o disponer de una gran forma física.
En España le está costando más popularizarse, quizá por la peculiar orografía de la Península, donde los grandes espacios llanos para 'raquetear' están aún por descubrir. Todo lo contrario que en Francia, donde cuentan con el Macizo Central, Jura y Vosgos; o Alemania, con los caminos de la Selva Negra y los Alpes de Baviera o las amplias llanuras de Europa central.
Sólo algunas estaciones españolas ofrecen facilidades (monitores, indicaciones, alquiler de material, etc.) y rutas adaptadas a los diferentes niveles de raquetas. Entre ellas están Baños del Hospital, en Benasque (www.llanosdelhospital.com, 974552012(; Gabardito, en el valle de Hecho (974375387); Le Somport-Candanchú (974373192 y 0034(5)59360021); Panticosa Resort (9744487161) e Issarbe, a 6 km. de La Pierre Saint Martin (0034(5)59360026). En Andorra, Ordino Arcalis tiene en en Sorteny trazados preparados.
Finalmente, hay que recordar que nunca hay que aventurarse en pendientes fuertes. Las raquetas llevan incorporado un sistema de agarre (dientes) que puede no ser suficiente para superar obstáculos que normalmente requieren cuerda, piolet y grampones.