Entre el Mayo que fue y el que es hay una distancia de casi dos años. El que fue, el ciclista vasco más excitante de su generación, se quedó en el Mont Ventoux, su cima, allí donde laminó a Armstrong. Sonó como una detonación: Mayo, el escalador deseado, la promesa de un éxito.... Desde entonces, sin embargo, su carrera ha quedado en puntos suspensivos. Lesiones, caídas, enfermedades y algún desencuentro con su equipo convirtieron a la estrella en un borrador de ciclista. Por eso, ahora su objetivo es enfundarse de nuevo la imagen que dejó en el Tour de 2003 (ganador en Alpe d'Huez) y en 40 días mágicos de 2004 (victorias en Alcobendas, Naranco, Vuelta a Asturias y Dauphiné): «Quiero volver a sentirme ciclista otra vez», repetía durante la pasada concentración del Euskaltel-Euskadi en Benidorm.
El mapa para el retorno es incierto. El Tour decide cada año quiénes son los héroes y la víctimas de la temporada. Para el Euskaltel-Euskadi, que hoy se presenta en Vitoria, la Grande Boucle es el objetivo fundacional. «La carrera que da y quita», define Miguel Madariaga, mánager de la escuadra naranja. A Mayo le dio una arista de la gloria en Alpe d'Huez 2003 y un año después, a la entrada del pavés, le tumbó. Le tachó. Durante toda esta pretemporada, los responsables del equipo han barajado calendarios para Mayo. Buscando el camino para volver.
Itinerario exigente
Igor González de Galdeano, nuevo secretario técnico, tiene la brújula y ha trazado un itinerario exigente. Quiere a Mayo competitivo en primavera. El ciclista lo necesita: «Tengo que competir». En 2003 ganó en abril la Vuelta al País Vasco, acabó segundo la Lieja-Bastogne-Lieja y luego fue sexto en la general del Tour, de su mejor Tour. Por ahí quieren enfocar la temporada. Aunque hay una discrepancia: a Mayo le seduce el Giro; al Euskaltel-Euskadi, no tanto.
Desde noviembre, desde la primera concentración del equipo en Derio, el ciclista de Igorre ha difundido su querencia por la carrera italiana. No la conoce. Sólo de oídas. Pero le gusta lo que escucha. «Es una carrera más controlada, sin tanta tensión como el Tour». Tiene, además, varios finales en alto y, sobre todo, unas fechas ideales para los biorritmos de Mayo. El Giro es la carrera de su apellido. Y mayo es el mes de Iban. Sobre ese mapa imaginario, el corredor vizcaíno trataría de reencontrarse, brillar en alguna etapa y llegar luego al Tour con el certificado de resurrección sellado. Esto es, descodificar por fin al Mayo del Mont Ventoux.
La dirección técnica del Euskaltel-Euskadi tiene más dudas. El Giro es un aditivo, un entremés. Ni Galdeano ni Gorospe quieren sacrificar el Tour por un rato de euforia en Italia. Y ahí andan. A vueltas. Tampoco beneficia la reducción del calendario: varias pruebas españolas corren el riesgo de desaparición, lo que obligaría a internacionalizar el calendario de Mayo.
Su futuro
La decisión, Giro sí o Giro no, puede dictar el futuro de Mayo. Él no quiere llegar en blanco, sin triunfos, al Tour. Le cargaría la espalda de presión y dudas. Tampoco es fácil para el Euskaltel: no puede permitirse el lujo de deambular por el Tour por tercer año consecutivo. Y menos cuando la compañía telefónica que le patrocina ha dado un golpe en la mesa. «Mayo -dicen en el equipo- cobra lo que cobra por el Tour».
La temporada que ahora nace decidirá. Mayo es una paradoja: nadie tiene su carisma entre la afición vasca, es el ciclista prometido, el líder popular. Y, sin embargo, no ha logrado imponer su jerarquía entre sus compañeros de equipo. Lleva año y medio como en un estado de ingravidez. Ahora tiene la oportunidad de salir, de regresar. Él quiere hacerlo a través del Giro; el Euskaltel-Euskadi le reclama para el Tour. De que uno y otro hallen una vía común de intereses dependerá el futuro de su unión. Este año concluye el contrato de Mayo en el conjunto naranja. En su día, el Rabobank, el Liberty Seguros y el Discovery (Armstrong) tantearon al ciclista de Igorre. El eco del Mont Ventoux fue tal que aún permanece.