Partido de la Liga Leb entre el Tarragona y el Aguas de Calpe. Vital para ambos equipos, que tratan de sacudirse la zozobra propia de los puestos menos gratos de la categoría. En el bando alicantino, «el Bilbao B», como comenta en broma José Luis Maluenda. El de Calatayud recaló en el conjunto levantino junto a Diego Ciorciari, el recién incorporado Roberto Núñez y Lucho Fernández. El ferrolano, ex capitán rojillo, estaba predestinado para sufrir el susto de su vida.
A falta de 6'40 minutos para la conclusión del duelo, el gallego intercepta un pase, se hace con el balón y se transforma en un bólido camino de la canasta rival. El salto es imponente y el mate, de los que hacen época para apretar el luminoso (62-59). Pero desconocía el coruñés que había metido una marcha más de lo necesario. Su cuerpo se balanceó hacia arriba con el impulso excesivo y no pudo sujetarse al aro. Cayó de cabeza y comenzó el drama. El impacto fue violento, brutal. Fruto del mismo, Lucho quedó tendido, sin conocimiento, con su cuerpo atrapado por las convulsiones.
El médico del conjunto catalán saltó como un resorte y se asustó, como todos, al comprobar el gran charco de sangre que manaba bajo la cabeza del jugador. Tanto que su primera reacción fue tomarle el pulso. «Al principio lo pasamos muy mal porque daba la sensación de que sangraba por el oído. Luego se comprobó que la sangre procedía de una herida en la cabeza», recordaba Maluenda el pasado domingo en el Bizkaia Arena con el escalofrío aún recorriendo su cuerpo.
Paco Olmos, su técnico, se echaba las manos a la cabeza mientras muchos compañeros preferían ni mirar, mientras algún otro trataba de sujetar la mano del infortunado jugador. A cientos de kilómetros, lo pasaba igual de mal su mujer, Raquel, que seguía el partido a través de una emisora en catalán. «No entendía nada, sólo que le había pasado algo grave a Lucho. Fue horrible», rememora.
Dolor y mareos
Tras ser atendido durante casi diez minutos en el parqué, donde recuperó la consciencia, Lucho Fernández fue trasladado al hospital Juan XXIII de Tarragona. Las primeras exploraciones neurológicas indicaban la ausencia de lesiones cerebrales, pero de acuerdo al protocolo, quedó ingresado por la noche en observación. Doce horas después era autorizado su traslado a Calpe.
Ayer, su esposa resumía a EL CORREO el estado físico del ferrolano. «Ha vuelto a examinarle el neurólogo y no tiene nada en la cabeza. Se queja de mareos pero nos han dicho que es algo normal después de un golpe tan fuerte. Le dieron doce puntos externos y él dice que tiene muchísimos más internos en el lateral de la cabeza en el que se hizo la herida. También le duele mucho una clavícula y la espalda. No le detectaron ninguna fractura, pero van a volver a realizarle las pruebas necesarias. Afortunadamente, todo se ha quedado en un susto impresionante y en las secuelas de un golpe tremendo».