Las restauradoras riojanas María Mena y María Carmen Pascual han dado a lo largo de esta semana las últimas pinceladas al proceso de restauración del retablo de la capilla de La Antigua, en la Iglesia de Santa María de Palacio.
Los trabajos se han prolongado a lo largo de los dos últimos meses y han incluido «la restauración de los nervios de la cúpula, las pechinas de madera y doradas y el retablo, del siglo XVII, cubierto de pan de oro». Este retablo incluye una de las imágenes más veneradas y que da nombre a la capilla, la Virgen de la Antigua, una talla del siglo XIII, que fue restaurada en los años 50 en Zaragoza y que en esta actuación no ha sido intervenida.
«La limpieza superficial y el asentado de color» centraron las fases iniciales de la actuación. «La policromía estaba separada de su estrato original, que en este caso es madera de nogal», explican las restauradoras, quienes continuaron su labor con «la limpieza de humos y suciedad compactada en todo el retablo».
Una de las zonas más deterioradas fue la parte superior, que «corría riesgo de desprendimiento y desaparición de la policromía», señala María Mena. La restauración ha incluido un proceso de desinfectación para tratar el ataque de xilófagos, «aunque la madera está bastante bien porque el nogal tiene bastante densidad», añade la restauradora.
Curiosamente «la mano del hombre» había dejado una grave huella en la pieza artística debido, fundamentalmente, a «una limpieza no adecuada y al ataque de la cera de las velas». Las restauradoras aseguran que esta parte del retablo tenía «zonas quemadas por las velas y el dorado estaba afectado por el excesivo calor». Precisamente, la parte deteriorada por las velas ha sido «la más difícil de recuperar», aseguran.
La espada
El proceso de restauración ha dedicado un cuidado especial a la imagen de San Miguel, donde se ha efectuado una limpieza química y mecánica. En esta talla se han realizado «reintegraciones volumétricas, por ejemplo la espada de San Miguel que estaba sujeta por alambres», explican María Mena y María Carmen Pascual.
La imagen se prestó en el año 1973 a la parroquia de San Miguel. «Al trasladarla la limpiaron e intentaron avivar sus colores con patata», explica María Mena. Esta decisión motivó que «la oxidación del almidón provocara unas manchas espesas que ha habido que limpiar ahora».
Cuando la imagen regresó a la parroquia de Santa María de Palacio, «le pusieron una espada nueva, más grande que la hornacina en la que se encuentra y hubo que desplazarla para que encajara».
La restauración del retablo también ha incluido la reintegración de la parte del dorado de la hornacina central, que acoge a la Virgen de la Antigua.