El Correo Digital
Sábado, 21 de enero de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/La tamborrada de Barakaldo
Batasuna estará en Barakaldo. Su verbo habitará entre nosotros, no en forma de asamblea o congreso, sino a través de la manifestación que celebrarán gracias a los ciudadanos que siempre tienen de repuesto, y a la comprensión del Gobierno vasco que le considera un «interlocutor necesario». Podrá organizar, pues, su particular 'tamborrada' en Barakaldo, pero ya no será lo mismo. A partir del momento en que el juez Grande Marlaska decidió que se aplicara la legalidad, también en Euskadi, el grupo de Otegi no podrá lucir la imagen prepotente de quien hace de la ilegalidad virtual lo que quiere y cuando quiere y como le viene en gana.

Y no podrá ser así porque la Justicia, esta vez, les ha puesto las pilas a los mismos dirigentes socialistas que declaraban que no era bueno entorpecer el proceso de Batasuna con prohibiciones y que, de la noche a la mañana, han tenido que reciclarse para hacer proclamas sobre lo bien que funciona el Estado de Derecho al haber prohibido el acto de la rama política de ETA.

¿Cómo hemos llegado a esto?, se preguntaban dos magníficos periodistas en un libro editado hace un par de años en el que analizaban la situación de enfrentamiento a la que se había llegado en Euskadi por culpa del terrorismo y la indiferencia del nacionalismo gobernante, y ellos mismos ofrecían la respuesta: «Pues así, mirando para otro lado». Ahora, después de este último año en el que el presidente Zapatero, mirando hacia el infinito, quizás hacia Plutón, el planeta del futuro, decía que confiásemos en él, la misma pregunta vuelve a tener sentido.

¿Cómo hemos llegado a esta situación de envalentonamiento y chulería por parte de una organización que ha sido ilegalizada por pertenecer al entramado de ETA?, se preguntan las víctimas del terrorismo. La respuesta que dan, también, ellas mismas, salpica a los socialistas: «Con el gobierno mirando para otro lado». Y es que las apariencias engañaban. Porque mientras Zapatero pedía a la ciudadanía prudencia, paciencia y, sobre todo, silencio e inhibición, el grupo de Otegi ha provocado el mayor ruido imaginable. Y como nadie le tosía desde el Gobierno, se habían confiado tanto, en que su vuelta a la legalidad era ya un hecho tolerado, que se dejaron los disimulos en el baúl de los recuerdos. Hasta que llegó el juez y mandó parar.

Es un momento importante. Deberían saber aprovecharlo los propios afectados. Y si sus valedores del Gobierno vasco, en lugar de confabular las diferentes formas de burlar la ley, dan un giro de 180 grados y se atreven a encararse con el verdadero causante de esta situación, deberían pensar cómo presionar a ETA para que acepte su jubilación. Ese es el verdadero reto para quienes presumen de ser patriotas. El otro camino solo sirve para vivir del conflicto.



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