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Lunes, 16 de enero de 2006
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Michelle Bachelet es la primera mujer que alcanza la presidencia de Chile
Su idea es seguir avanzando en el modelo de crecimiento económico actual, pero haciendo hincapié en el principio de mayor equidad social Con el 67% del voto escrutado, aventajaba en casi siete puntos a Piñera
MICHELLE BACHELET, quien va a ser presidenta de Chile durante los próximos cuatro años, abandona el colegio electoral tras depositar su voto. / EFE
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En una jornada histórica, una mujer fue elegida ayer presidenta de Chile en reemplazo de Ricardo Lagos que termina su mandato el 11 de marzo. Al cierre de esta edición y con 67% de las mesas escrutadas, la candidata socialista, Michelle Bachelet, se imponía por 53,2% de los votos sobre su rival de derecha Sebastián Piñera que obtenía 46,7%. Con esa ventaja, Bachelet se consagró como la primera mujer que llega a la presidencia por el voto popular en su país y en Sudamérica.

Con su victoria, la Concertación por la Democracia -la coalición de socialistas y democristianos que gobierna Chile desde 1990, tras el régimen de Augusto Pinochet- consiguió otros cuatro años de gestión en los que deberá demostrar su capacidad para seguir avanzando en un modelo de crecimiento económico con fuerte sesgo exportador, pero ahora también con mayor equidad social.

El Parlamento la acompañará en la empresa. La mayoría de los legisladores de la Cámara Alta y la Baja responden a los partidos de la Concertación. El Gabinete de la nueva presidenta es aún un misterio, aunque se sabe que tendrá equilibrio de género, de partidos aliados, y figuras nuevas, según el esquema que ella misma ideó.

Los candidatos fueron a votar temprano. «Hoy es un gran día», había vaticinado Bachelet, acompañada por su hija menor en el momento del sufragio. La candidata, médico al fin, recomendó a los votantes que concurrieran temprano a las urnas debido a las altas temperaturas que se registran por estos días en Chile, «sobre todo los más ancianos», suplicó. Esos consejos aceleraron los trámites de votación.

Con el rostro cansado, Piñera, en cambio, parecía más resignado. «Las campañas son como un libro donde el último capítulo lo escribe la gente», declaró después de votar junto a su esposa. Lejos quedaron sus ataques de la víspera, cuando acusó a su rival de haber recibido un «brutal, masivo y desvergonzado» apoyo del Gobierno a su candidatura.

Si bien las encuestas estimaban que la ventaja de Bachelet sobre Piñera sería de entre el 2% y el 11% de los votos -según las distintas empresas-, Piñera, de Renovación Nacional, se había mostrado derrotado ya en las últimas semanas de campaña y había prometido realizar una «oposición constructiva» con su fuerza desde el Parlamento.

El escepticismo lo venció a partir de la primera vuelta realizada el 11 de diciembre. La candidata de la Concertación se impuso por casi el 46% de los votos sobre el 25% que obtuvo Piñera. La enorme brecha entre los dos candidatos más votados se debió a que la derecha se presentó dividida en esa primera instancia.

Por un lado, Piñera, un empresario multimillonario de derecha, pero con un pasado menos comprometido con la dictadura, y por el otro, el ex alcalde de Santiago, Joaquín Lavín, de la Unión Democrática Independiente, más conservador, ultracatólico, y demasiado pegado a la figura de Pinochet.

En la competencia con Lagos en 1999, Lavín casi consiguió el mismo porcentaje de votos que su rival socialista. Pero desde entonces, el ocaso de Pinochet, sus múltiples causas en la Justicia, y la buena gestión de Lagos al frente del Ejecutivo, fueron erosionando la credibilidad de su contrincante de derecha.

Un fenómeno imparable

En mayo de 2005, la derecha sacó un conejo de la gatera con la candidatura de Piñera, frente a una Bachelet que crecía en popularidad como un fenómeno imparable. Las gestiones para que Lavín diera un paso a un lado fracasaron y, mientras la concertación eludía las primarias y se posicionaba detrás de Bachelet, la derecha se presentó dividida. Así, Piñera obtuvo el 25,4% de apoyos y Lavín, el 23%.

Apenas finalizados los comicios en la primera vuelta, Lavín se comprometió a apoyar a Piñera en la segunda, pero el gesto resultó tardío. Entusiasmados, los asesores de Piñera calculaban que la suma de votos de uno y otro les permitiría contar con más apoyos que la candidata oficialista, pero las matemáticas no se llevan bien con la política. Los votantes de Lavín no se volcaron de lleno en votar por Piñera.

En verdad, la campaña para la segunda vuelta nunca despegó. Allegados a Lavín confesaron incluso bajo anonimato que el apoyo de su líder a Piñera debería ser justo, pero no tan generoso como para que el competidor interno de la derecha se alce con el liderazgo de ese sector clave en el escenario político chileno.

En cambio, más pragmáticos, los colaboradores de Piñera sostuvieron que tras del debate televisivo del 4 de enero, que dio como vencedora en los sondeos a Bachelet, el magnate de la televisión y las finanzas evaluó que la apuesta de segunda vuelta era arriesgada como para seguir invirtiendo sus millones en la campaña, y sin decirlo, abandonó la empresa.



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