Lo mejor que se puede decir sobre El Canto Del Loco es que es un grupo de rock. Básico en sus conceptos y repetitivo en sus intenciones, pero defensor de las guitarras y las melodías. Lo peor que se podría alegar sobre el cuarteto madrileño es que abusa del almíbar, del pelotilleo al respetable y de las baladas melosas, pero todo lo que se pudiera añadir estaría motivado por la envidia que suscita quien se halla ahí arriba, con miles de niñas a sus pies, como sucedió el sábado en el BEC en un concierto que recaudó unos 330.000 euros, o sea, 55 kilos de antes. Gran salto para un combo que en su primera gira no ganó ni 400.000 pesetas.
Ya desde la segunda canción ('A contracorriente'), supimos cómo discurriría un bolo que duró hora y tres cuartos. O sea alternando rock para todos los públicos, heredero de Hombres G, Pistones, Tequila o unos Piratas no depresivos, con una plétora de baladas en gradación, sensibleras hasta el hartazgo (no queremos escribir el vocablo 'baboso'), en ocasiones desasosegadamente reminiscentes de Álex Ubago, composiciones dedicadas a madres, a chicas perfectas y desamores odiosos, y meditadas para ser coreadas por un gentío rendido.
Reggae mestizo
Pero no barruntamos el rollete de guay que se tiró el vocalista, Dani Martín. Jo, cómo peloteó al personal. Entre interjecciones demagógicas y gritos de ánimo de estrella que aparenta mantener los pies sobre la tierra, nos partimos el eje cuando soltó «esa peña de Euskal Herria, que vivan los 'vajcos' con dos cojones» (buf, al bueno de Dani no se le cayó de la boca la referencia testicular), y, ejem, también cuando pidió «un aplauso para las víctimas del tsunami» (no una oración, oigan, sino un aplauso).
Y entre vivas a las madres que nos parieron, invocaciones a hacer el amor, dedicatorias, zalamerías como llamarnos maestros (¿de qué?), lentos y rocks, colaron un reggae mestizo y un rap. Y, en el segundo bis, mostraron cuatro ases indicativos, sendos rocanroles vía Hermanos Dalton y Los Cucas, más el famoso 'Zapatillas'.