El Correo Digital
Lunes, 16 de enero de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Los niños ya no matan
Me topé con esa foto el viernes en este mismo periódico y admito que me sobresaltó. Dos niños apuntaban a un tercero con pistolas de juguete en un suburbio de Colombia cubierto por el agua. Jugaban -como lo han hecho toda la vida los niños de los países desarrollados- a policías y ladrones, pero toda esa combinación del paisaje suburbial con las aguas fecales por encima de los tobillos de los críos, la tez oscura de éstos, sus ropas desarregladas y esas armas en sus manos resultaban de un dramatismo atroz. Pensé que eso era debido a que la simulación del juego se parecía demasiado a la violencia de la realidad en esos desoladores escenarios tercermundistas, pero que objetivamente no había motivo para mi escándalo. Pensé que quizá uno también había terminado cayendo al final en las blandurrias y denostadas garras de la corrección política y ya se escandalizaba por nada. Pensé que, pese a mis resistencias, había acabado participando de ese prejuicio pacifista que ve en todo juguete bélico una mala escuela y una premonición fea, una relación fatal y directa entre las pistolas de los niños, aunque sean de pega, y las guerras y la violencia de los adultos.

Querámoslo o no, yo creo que ya todos participamos en alguna medida de esa cultura pacifista y de esa sensibilidad políticamente correcta que vive como estridente y no ve con buenos ojos ese contraste de la infancia con las armas, aunque se trate de armas simuladas. Un amigo mío, que se pasó toda la niñez tiroteando simbólicamente a sus hermanos, apedreando menos simbólicamente a sus compañeros de clase y lanzando peligrosos cohetes de pólvora a las ventanas de sus vecinos, me confesaba estas pasadas Navidades que para él esas cosas -incluso los petardos de Nochevieja- habían perdido la gracia y que no alentaba ese tipo de diversiones en sus hijos. No se las prohibía, pero tampoco las potenciaba en absoluto. Se limitaba a sugerirles otros entretenimientos. Y a mí me parece que ésa es la actitud más generalizada. De hecho las tradicionales cartucheras de 'cowboy' han ido decreciendo progresivamente en los últimos años de las cartas que reciben los Reyes Magos.

Los niños de hoy ya no matan como los de antes. Ya no se cargan en una tarde hasta al apuntador parapetándose tras las patas de las mesas y los respaldos de los sillones. Ahora matan sólo en las pantallas de un ordenador, o sea más mentalmente, y no sé si eso es mejor o peor. Sé que en todas las generaciones surge una peña cruel capaz de matar a una mendiga sonriendo y sin inmutarse, así como que muchos de los 'cowboys' de mi generación son hoy unos pedazos de pan. Como mi amigo.



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