La telefonía móvil lo abarca todo, pero Julio Gómez Cobos considera que su expansión sigue en curso y asegura que lo más impactante del mercado de las telecomunicaciones aún está por llegar. Este eibarrés de 37 años y espíritu emprendedor razona con conocimiento de causa, convertido en uno de los ejecutivos de peso de la compañía France Telecom en España, lo que siempre le tiene a lomos de un avión entre Madrid y París.
-¿En qué consiste su labor?
-He hecho de todo. La empresa inicial, comprada por los franceses, la fundamos entre el director general actual y yo. He sido desde responsable de recursos humanos a director de sistemas, de marketing o de ventas. Ahora me encargo del área de operaciones, lo concerniente a la atención al cliente, centrado en aspectos como facturación, recobro o calidad de red. Así podría estar un año más y luego cambiar de labor, porque estoy un poco para lo que haga falta.
-¿No estamos demasiado 'movilizados' hoy en día?
-Pues no sabes lo que nos espera. Ya está la televisión en Internet, a través de ADSL, y el año que viene va a ser algo normal. Viene la voz sobre 'IP', la conexión del móvil con la línea fija, a través del teléfono vas a poder hacer un montón de cosas con la televisión y otras muchas novedades, porque el mundo de las telecomunicaciones se mueve a una velocidad que da vértigo. El futuro va a ser divertidísimo.
-¿De verdad?, cuéntenos.
-Ahora hay de todo, como unos aparatos que te permiten ir grabando un partido de fútbol y verlo con el desfase que tú quieras, o grabar una película sin anuncios, o que al llegar a casa comience el programa que tú quieras ver.
-¿Qué invento que puede revolucionar el mercado en el futuro?
-Pues mira, la voz sobre IP, que va sobre Internet y no sobre tecnología tradicional, te da un montón de facilidades de programación de los terminales en casa y de comunicación del teléfono por la televisión. Estás viéndola y, de repente, te sale la imagen del amigo que te está llamando. Va a ser posible una intercomunicación entre los dispositivos de la casa. Otra cosa que viene es el teléfono móvil que al llegar a casa se hace fijo. Entonces, aún llamando desde él, pagas menos, porque un aparato mete la llamada por la red fija. En realidad, dentro de poco la voz a través de un teléfono fijo va a ser totalmente gratis, al ser posible mediante IP.
-¿Siempre ha trabajado en ello?
-No. Estudié en las escuelas de Amaña, luego en la Universidad Laboral y más tarde hice Ciencias Empresariales en la Universidad de Deusto. Con 22 años, acabando ya la carrera, me contrató Procter & Gamble, una multinacional norteamericana de bienes de consumo expandida en 200 países que aglutina marcas como Ariel o Profidén, entre otras.
-¿Cuánto duró aquella experiencia?
-Casi cuatro años, pero decidí cambiar y regresé a Madrid para trabajar en una consultora, también estadounidense, Boston Consulting Group. Fueron tres años, aunque entre medias realicé un máster en la Universidad de Stanford. Luego estuve tres meses en Sao Paulo (Brasil) para abrir allí la oficina de BCG, y a partir de aquello ya volví para asentarme en Madrid. Estuve un año más en la consultora antes de incorporarme a Amena.
Espíritu viajero
-Una nueva etapa.
-Sí, porque además coincidió con su lanzamiento. De ahí me fui a la sección de Internet del mismo grupo, AUNA. Fue entonces cuando me contrató France Telecom. En realidad, compró la compañía en la que yo trabajaba y luego ha ido absorbiendo varias empresas, de tal modo que ahora precisamente hemos comprado Amena.
-¿Se identifica con el estereotipo de eibarrés echado para adelante?
-Cuando acabamos la carrera de Empresariales nos vinimos a Madrid casi una veintena de compañeros y aquí seguimos no más de tres. Dicen aquí que hay dos tipos de vascos, los que vienen y no se van nunca, y los que se vuelven en año y medio. Pero una cosa son los vascos y otra los eibarreses, porque te los encuentras por todos lados, y esos sí se quedan. Nos importa menos salir de casa, esa es la verdad.
-¿Mucho tiempo alejado de Eibar?
-Fíjate que salí con menos de 23 años, dos años y pico los pasé entre Estados Unidos y Brasil y el resto en Madrid. Lo que pasa es que tenemos casi toda la familia ahí, ya que mis padres y un hermano siguen viviendo en Eibar, otro en Zarautz y la familia de mi mujer, que es donostiarra, en San Sebastián. Cada poco tiempo vamos, aunque tengo tres hijos y ahora me es más complicado.
-¿Cómo se ve desde la distancia?
-Es una pregunta complicada. Siempre que voy me da un poco de pena, porque la veo como una ciudad que está yendo para atrás. No sé, tal vez es porque voy más en invierno, está más oscuro y llueve, pero me da la sensación de que Eibar es como una empresa en reconversión. Está pasando de ser muy industrial a una ciudad de servicios y en ese proceso se va haciendo más pequeña, pues pierde población. Luego lo mezclas con tus recuerdos de más joven y probablemente eso ayude a que me dé una imagen más triste. También nuestro equipo de fútbol está hecho un desastre este año, pero vamos a ver si mejora. Lo sigo desde pequeño, porque cuando tenía 13 años iba por Ipurúa con el cubo vendiendo bebidas. Luego, el dinero que sacaba lo gastaba en los billares de Untzaga.
-¿Le gusta Madrid?
-Lo bueno que tiene una ciudad grande con respecto a otra localidad es que tienes más oportunidad de elegir. Profesionalmente sucede lo mismo, lo tienes más fácil para escoger lo que te gusta y, si no, cambias.
-¿Se sigue sintiendo nómada?
-El grupo siempre está buscando gente para ir a otros países, casos de Polonia o Inglaterra. A mí no me cuesta, ni a mi mujer tampoco, porque además habla inglés y francés, pero con los niños es diferente, al tener que cambiarles de colegios y de amigos. Si me voy al extranjero será una última vez.
Competencia «brutal»
-¿La competencia entre las compañías de telecomunicación es tan voraz como parece?
-Es brutal. Además, compiten en varios mercados y si tú les haces daño en uno, ellas contraatacan. En España, por ejemplo, estamos nosotros, que formamos la tercera operadora más importante del mundo, con 70 millones de móviles, está Telefónica, que es la segunda, y Vodafone que es la primera. Así que los tres grandes monstruos no americanos compiten aquí, al igual que en Inglaterra o Alemania. Todavía los márgenes de móvil son sanos, aunque haya que invertir mucho dinero, pero el negocio fijo es un desastre y se ha vuelto en una lucha sin cuartel para, a la hora de la verdad, tener pérdidas. Lo que pasa es que estás peleando por los clientes para después venderles el móvil y que sean rentables.
-¿Se pacta mucho por detrás entre las compañías para, pese a todo, no tirar el mercado?
-En diciembre le han metido a France Telecom una multa de 256 millones de euros por un supuesto pacto con las otras dos compañías en 1998. Pactos como tales no hay, pero sabes que si tiras los precios el otro va a responder y al final igual terminan los dos perdiendo dinero. Los competidores se conocen y tienen claro lo que han de hacer. Cuando estaba en Procter & Gamble, siempre había una gran empresa que, cuando las demás habían acordado subir precios, los bajaba y se hinchaba a vender detergentes o lo que fuera durante dos meses. Esos acuerdos son complicados.
-¿Quién lava más blanco?
-Ariel, por supuesto, ja, ja, eso siempre.