El Correo Digital
Sábado, 14 de enero de 2006
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CICLISMO
 
EDICIÓN IMPRESA
 
Los recuerdos tienden a reescribirse, a maquillarse, pero hay algunos que permanecen exactos. A Dioni Galparsoro, ciclista del equipo Kaiku, le dura uno desde los trece años. Pasaba unos días con sus padres en Cangas de Onís, en la puerta de los Lagos de Covadonga. Acababa de sacar la licencia de categoría infantil y soñaba con ser Perico Delgado. Se veía, como el segoviano, flanqueado por unas cunetas que tarareaban su nombre. Y se lanzó al reto: subir a los Lagos. Se enfundó el maillot de su ídolo, el del PDM, y tiró hacia arriba. «Mis padres venían por detrás con el coche. Me calenté, quería quedar bien». Las fuerzas le duraron hasta mediada la cuesta; y el ánimo aguantó sólo un poco más, hasta el tramo de La Huesera, el más duro. «Ya no pude más. Tuve que echar pie a tierra. Estuve media hora tirado, sin poder reaccionar, vacío». Esa derrota late nítida en su memoria. Se siente un deudor de los Lagos, de la Vuelta. Nunca ha vuelto, jamás ha disputado la ronda española. Lo mismo le sucede a su equipo, el Kaiku. Ahora, en la temporada que arranca, los dos quieren suturar esa cicatriz. Es un objetivo compartido: conocer la Vuelta. Buena parte de su futuro depende de ello.
 
 

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