Carlos Pauner intervendrá hoy en las Jornadas de Alta Montaña con el audiovisual 'Kangchenjunga: Historia de un superviviente' (Dendaraba, 20.15). El descenso de aquella montaña en 2003, que estuvo a punto de acabar con su vida, centrará su intervención.
-¿Cómo fue aquella bajada?
-Escalamos por un nuevo trazado y llegamos muy tarde a la cima, a las cuatro de la tarde. El mal tiempo nos envolvió y descendimos por la nueva ruta abierta porque no podíamos orientarnos por la normal. Pasé un vivac a 8.000 metros sin oxígeno tras despistarme de mis compañeros, quienes dejaron una linterna encendida para que me orientara. Tras otro vivac y una caída de cien metros en un serac conseguí llegar al campo base cuando ya me daban por desaparecido.
-Le quedará un mal recuerdo.
-Todo lo contrario. Tengo un recuerdo extraordinario. Por un lado me quedó la alegría de escalar con un estilo de vanguardia. Por otro, por el sufrimiento extremo, la soledad y la lucha por regresar vivo. Gané una partida donde las probabilidades de éxito eran muy bajas.
-¿De eso trata su audiovisual?
-Sí. El principal recurso fue mantener la mente concentrada. En cada momento tenía una dificultad que superar, encontrar el camino, sobreponerme a una caída, aguantar el frío, salir de las grietas. Encontré soluciones sin pensar en lo que vendría después.
-¿Cómo debe afrontarse un 'ochomil'? ¿Se arriesga aún siendo un buen alpinista?
-Ningún 'ochomil' es fácil. Avalanchas, frío, grietas, altitud... son riesgos que se elevan si el tiempo es malo. No deja de ser una decisión personal.
-Pese a todo, sigue regresando a los 'ochomiles'.
-Desde el Kangchenjunga he escalado tres más: Gasherbrum I, Cho Oyu y Everest. Me he encontrado ilusionado y con la capacidad de arriesgar intacta. Me gustaría subir los catorce, ya tengo siete y cuento con el apoyo del Gobierno de Aragón.