El cine 'quillo' de finales de los años setenta fue como una mezcla entre el género de acción, el naturalismo, el drama social y la película realista anclada en el argumento de una marginación que convivía con la expansión económica de la Transición. José Antonio de la Loma, Eloy de la Iglesia y Carlos Saura pusieron el cine y la moda, mientras que El Vaquilla, El Torete, El Jaro, El Trompetilla y muchos más pusieron sus historias, sus actuaciones o un submundo donde había más delincuencia que rabia social, más droga y vicio que justificación razonable y hasta más navajeros y sirlas que Robin Hoods cañís o más chicos malos que buenos.
Y como fondo de todo ello, claro, la música de Los Chichos, de Bordón 4 o de los Burning, para que ese cine de antihéroes con triunfo de muchos ceros en la taquilla tuviese también el himno de arrabal o la sintonía del Campo de la Bota y La Mina, Entrevías, Manoteas o El Pozo del Tío Raimundo. Una música efímera, en todo caso, ya que el género 'quillo' fue devorado por la modernidad de la Movida o por ese realismo de sainete algo más sofisticado en versión de Almodóvar.
Nada que ver con el original, tampoco, ni con el cine social de barrio que hizo y hace Fernando León Aranoa, ni el de Achero Mañas en 'El Bola'. De ahí, en fin, que tenga su interés este nuevo revival del cine 'quillo', con Getafe, las persecuciones en coche y la vieja música de Kiko Veneno como nuevo himno para una mirada atrás a esa democracia de 'jichos' y sirlas.