Tercera derrota consecutiva del Athletic que echa por tierra la ansiada recuperación rojiblanca. Bastó la veteranía, el oficio de los gallegos, para doblegar el espíritu de unos bilbaínos, voluntariosos, pero romos de juego y gafados.
CONFIANZA
El Athletic repitió prácticamente el mismo equipo que se enfrentó al Madrid, salvo la baja de Gupergui, que dio la alternativa a Amorebieta. Las sensaciones, sin embargo, fueron diferentes. El 'Dépor', fiel al estilo de Caparrós, planteó un partido de desgaste. Se aplicó en defensa replegándose con eficacia tras perder el balón, y dejando a Tristán como referencia atacante. El resto, afanado en el trabajo abnegado y en el sacrificio del equipo, logró excesivos réditos en un juego ramplón, pero disciplinado.
El Athletic intentó imponer un ritmo alto, de falta de contundencia atacante. Sólo una trabajada jugada de estrategia y un voleón de Aduriz tuvieron visos de gol. Y una desgraciada jugada, que acabó con el auto gol de Lacruz, enconó aún más su delicada situación.
OFENSIVA
Tras el descanso, Clemente apostó por el ataque. Urzaiz reveló a Tiko y el Athletic, con cuatro delanteros y un medio centro ofensivo como Guerrero, tocó a arrebato. Con el resultado a favor, Caparrós introdujo a Arizmendi para aprovechar los espacios que, teóricamente, se producirían. El 'Dépor' frenó con el fútbol control que ejercían sus jugadores. Pero Urzaiz , con un salto excepcional, empató. La remontada parecía asequible con la entrada de Bordas para estabilizar el centro del campo.
ERROR
Un clamoroso error de Aranzubia cercionó la reacción. Un halo de resignación se instaló en la grada y en el campo. Imposible luchar ante tanta adversidad. Y de golpe, el esfuerzo copero y el marcador adverso lastró la mente y las piernas. La falta de ideas y recursos sentenció a un grupo que no mereció tan injusto correctivo, a pesar de que no realizó un buen partido.