El Correo Digital
Domingo, 8 de enero de 2006
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DEPORTES
fútbol
La desgracia se ceba con el Athletic
Un gol en propia meta y otro por debajo de las piernas de Aranzubia dejan sin premio a un equipo rojiblanco tan desafortunado como acelerado
INFORTUNIO. Iraola manda el balón hacia el centro del campo ante la mirada de Amorebieta y Lacruz tras el primer gol, que el Athletic se marcó en propia puerta. / FOTOS: IGNACIO PÉREZ / MITXEL ATRIO / BORJA AGUDO
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ATHLETIC DEPORTIVO -
1-2
Lo que le faltaba a un Athletic desesperado, un tremendo ejercicio de infortunio e impotencia ante el Deportivo. El Athletic tiene motivos para renegar de la fortuna, que anoche se portó odiosamente con él. Hubo dos momentos en los que le dio la espalda de una manera atroz. Cada vez que el Deportivo se acercó por el área, así de sopetón, se encontró por asombro con dos goles regalados.

La noche más negra en cuanto a la adversidad arrancó con el gran punto débil de este equipo, los balones largos a la espalda de la defensa. Javier Clemente ha conseguido que el equipo mejore en muchos aspectos, pero esta jugada se mantiene como un agujero negro al que nadie puede hacer frente. Lo cierto es que Valerón coge desprevenida a toda la retaguardia y se presenta ante Aranzubia. A su centro-chut se tiran como ciegos Amorebieta y Lacruz. El uno por el otro, gol. El primero despeja y el segundo pone el cuerpo para que la pelota entre.

Con los nervios del público de punta, el Athletic logró empatar a los 59 minutos gracias a un soberbio cabezazo de Urzaiz. El infortunio volvió a partir los dientes de los rojiblancos, aunque bien es cierto que en esta ocasión con la colaboración de Aranzubia. El hecho es que Munitis lanzó una falta desde su costado izquierdo y Arizmendi tocó en el área pequeña. La jugada pilló por sorpresa al portero y de forma increíble el balón le traspasó por debajo de las piernas, pese a que tenía la rodilla izquierda en el suelo y apenas quedaba espacio.

Está visto que en el fútbol la suerte se tiene o no se tiene. Y anoche el descomunal infortunio de los rojiblancos fue la prosperidad del Deportivo, que con su cuarta victoria consecutiva entra en puesto de Liga de Campeones. En el otro lado, el destino se comporta con los rojiblancos como un mal amigo, que nunca está cuando de verdad se le necesita. En los dos últimos partidos de Liga ha dejado escapar el triunfo de Zaragoza y al menos un punto anoche ante los gallegos. Dos resultados que ponen de relieve en forma de terrible realidad que el Athletic estará atrapado en la lucha por escapar de la Segunda A. Por el momento, si el Betis puntúa hoy en Mallorca o el Cádiz gana en el Carranza al Getafe, el equipo rojiblanco caerá de nuevo a la zona de descenso.

Valentía imprudente

Infortunio al margen, el Athletic dio muestras de una valentía imprudente en su juego y pagó las consecuencias. Las líneas estaban demasiado separadas, lo que provocó que en algunos momentos hubiera hasta cuarenta metros de distancia entre los atacantes y los centrocampistas. El equipo rojiblanco jugó demasiado nervioso y precipitado. Sus jugadores se movían a un ritmo endiablado en el que cada uno de ellos parecía querer superar a los demás en impaciencia por llegar al área.

Lo peor que se podía hacer ante un rival como el Deportivo. Desde el inicio sabía muy bien el Athletic a quién se estaba enfrentando. A cualquier cosa menos a un equipo bisoño. Los gallegos se comportaron además atrás como un grupo áspero hasta lo indecible, con Juanma y Coloccini protagonizando entradas terroríficas, como aquella en la que el argentino pegó una patada en la columna vertebral a Dañobeitia. Como todos los equipos de Joaquín Caparrós, los gallegos resultan admirables por su carácter implacable y la forma en la que se imponen a rivales tan acelerados como fue anoche el rojiblanco. En este punto se echó de menos el temple que el lesionado Yeste aporta en este tipo de partidos.

Clemente apostó por Aduriz de inicio. Es un jugador que corre sin parar, transmite compromiso, energía competitiva y actividad frenética. Sabe cómo moverse por el campo y su juego tiene vida, pero el gran seguro de gol en casa del equipo sigue siendo Urzaiz. El navarro pareció enderezar el partido para los rojiblancos con un soberbio tanto de cabeza, en el que saltó un metro más que Andrade para conectar un testarazo inapelable y magnífico.

El estado de ánimo cambió y hubo momentos en los que los rojiblancos parecían capaces de encontrar en cualquier momento una oportunidad propicia para dar la vuelta al partido. Pero el Athletic jugaba ayer el papel del equipo sobre el que ha caído una maldición. El tanto de Arizmendi por entre las piernas de Aranzubia puso definitivamente el partido cuesta arriba. El grupo de Clemente acabó hundido y con motivos para estar airado con la fortuna. La desgracia se cebó con él y fue víctima de una injusticia de la suerte.



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