Diciembre mágico en 2004. Pleno de victorias que catapultaron al Lagun Aro hacia las aguas más apacibles de la ACB. Enero de 2006, se persigue el mismo objetivo. Dejado atrás un calendario espeluznante, se atisban puertos con calado suficiente para que la nave rojilla atraque sin maniobras extremas. Esta tarde (19 horas, Punto Radio), el equipo vizcaíno inicia un año natural y un ciclo que definirá claramente sus aspiraciones para el resto de la temporada. Serán cuatro partidos que incluyen un solitario desplazamiento a Valladolid. El efecto del factor cancha tiene que aflorar de una vez por todas.
Habrá tiempo para ilusionarse con el derbi del Bizkaia Arena. Una cita tan efectista y estimulante será noticia a caballo entre las dos jornadas que le precederán. La que nos ocupa tiene de por sí su miga, pues los manresanos están al rebufo de los vizcaínos, con un triunfo menos, en plena mudanza en su plantilla y con una serie de cinco muescas negativas consecutivas en la culata de su pifiado armamento. Después tocará el cómodo viaje a Valladolid, al feudo de un Fórum también implicado hasta las cachas en la siempre compleja huida de la quema.
Por La Casilla han desfilado rivales de todo pelaje y las alegrías han sido esquivas. Ganar al Menorca entraba dentro de lo vaticinable e hincarle el diente a Unicaja resultó una bendición para los sentidos. Pero no ha habido más. Se ha rozado acabar con grandes (Estudiantes, Joventut) y pequeños (Granada, Fuenlabrada), simples ejercicios de intenciones cuando lo que manda es el resultado. Tildar de clave, vital o decisivo lo que ocurra cuando aún quedan veinte estaciones de paso sería excesivo, pero conforme avance la competición los daños colaterales pueden comenzar a hacer estragos entre quienes jueguen como visitantes. Así que no hay que echarle mucha imaginación para corroborar que los mejores cimientos se forjan en el solar propio.
El Ricoh Manresa -1.058 partidos le contemplan en la máxima categoría, frente a los 48 que suman los rojillos- viene a Bilbao herido, envuelto en una turbulencia de la que, de momento, no ha conseguido salir. Si su anterior compromiso liguero fue con el Real Madrid, lo más lógico hubiera sido anticipar los cambios en su plantilla para que el ex NBA Rodney White y el húngaro Marton Bader debutaran contra los merengues y llegar así a La Casilla con cierto rodaje y conocimiento y no que se estrenen en la capital vizcaína sin conocer aún el nombre de sus compañeros. No es cuestión de quejarse de una supuesta ventaja que da el adversario, pero llama la atención.
Históricamente -aunque el recorrido sea aún corto-, el Lagun Aro ha sabido reaccionar bien cuando ha afrontado partidos tan importantes para su futuro. Que no cambie la dinámica tendrá mucho que ver con una ansiada mejoría de su juego de ataque. Les sigue costando un potosí a los hombres de Vidorreta acertar con el aro contrario cada vez que les llega la inevitable fase de estancamiento y colapso. Es el único equipo que aún no ha acumulado mil puntos en las catorce jornadas disputadas y aunque su imagen defensiva se sitúe en el notable alto no es suficiente para alimentar su clasificación. Comienza así una cuesta de enero llevadera, salvable, a priori, con un desarrollo no demasiado alto.