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Sábado, 7 de enero de 2006
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SOCIEDAD
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La otra migración de la angula
Toneladas de alevines capturados en el Cantábrico viajan a China cada año para su engorde en arrozales
Anguleros pasan el cedazo por un río de noche. / EL CORREO
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Los japoneses fueron los primeros. A finales de los años 60, cuando en febrero y marzo las angulas llegaban todavía hasta las mesas de los hogares obreros, comerciantes nipones las compraban por toneladas en el norte de España y en Francia para trasladarlas en avión hasta sus islas y engordarlas. Desde los años 90, el negocio está en manos de los chinos. Y, todavía hoy, este tráfico mueve millones de euros.

Todo en la vida de la angula es sorprendente. Su nacimiento sigue siendo un misterio, algo que nadie ha visto ni filmado nunca porque se produce a 3.000 metros de profundidad en aguas del Mar de los Sargazos, entre las islas Bermudas y Puerto Rico. Hasta allí llegaron las anguilas europeas en un viaje de más de 4.000 kilómetros a través del océano Atlántico para depositar sus huevos. Menos de un año después, las larvas, formando grandes bolas y ayudadas en su navegar por la corriente del Golfo, vuelven a las costas europeas y mediterráneas. Se alimentan de organismos microscópicos y de materia fecal del zooplancton. La leyenda apunta que las larvas, transparentes, se instalan en el mismo río en el que vivieron sus madres. Pero cada vez llegan menos. La sobrepesca, la contaminación y la destrucción de sus hábitats naturales han puesto a la especie contra las cuerdas. Se calcula que el 20% de las angulas que arriban a nuestras costas se captura para su consumo directo, un 10% va a parar a granjas acuícolas europeas (hay una en Guipúzcoa y otra en Valencia), el 60% viaja a Asia y sólo un 10% repuebla las aguas continentales del Norte de Europa. El repique fúnebre de la angula suena desde hace años.

En manos de los chinos

Gaëtan Mabit, un mayorista de Rezé-les-Nantes, en la desembocadura del Loira, recuerda los días en que su abuelo comenzó el comercio con los japoneses. Eran tiempos gloriosos en los que él y sus paisanos vendían hasta un centenar de toneladas de angulas vivas cada año. «Del 70 al 75 fueron grandes años», dice el responsable de la empresa Sa Beaur. En esa época, sólo en las lonjas asturianas se llegaron a vender 70.000 kilos de angulas en un año. Firmas como Longshan Fishery y Wai-Kee comerciaban con decenas de toneladas de angulas europeas, muy apreciadas por la cantidad de grasa de sus carnes, aunque la favorita de los paladares orientales sea la anguila japónica (de la que apenas pueden capturar ya alevines). «Este año no exportamos porque aquí tampoco hay angulas ni anguilas. Es dramático», se duele Mabit.

A pesar de la alarmante caída de capturas, el comercio ha seguido. En 2000, China, que elabora el 70% de la producción mundial, puso en el mercado 160.740 toneladas de anguilas, buena parte procedente de sus arrozales de engorde. Durante los 90 se pescaron en Europa 30.000 toneladas de anguila cada año, aunque ya en 1999 las capturas en Francia habían caído hasta las 245 toneladas, que representaron unos ingresos de 33 millones de euros, según Ifremer.

Y como el ciclo de reproducción de la anguila en cautividad no ha sido aún completado, los chinos precisan de cantidades ingentes de alevines, pequeñas angulas de 0,3 gramos de peso (en un kilo pueden entrar más de 3.500) que compran a precio de oro en cualquier lugar del mundo. Ellos dictan las normas e imponen los precios. Cuando ellos quieren angulas, desaparecen del mercado. El año pasado pagaron de 500 a 700 euros por kilo de angula viva. Lo confirma Domingo Ferrer, de Valenciana de Acuicultura, una empresa radicada en Puzol que comercializa 300 toneladas de anguila europea criada en sus estanques a partir de angulas capturadas en La Albufera o compradas a mayoristas europeos.

El gran viaje

Aunque el mercado mundial de la angula está todavía en manos de los mayoristas franceses asentados junto a los grandes ríos como el Loira, el Ródano y el Garona, una parte del negocio recae en industrias guipuzcoanas, poco dadas a dar publicidad al asunto. Según datos de la Cámara de Comercio de Guipúzcoa, en 2004 se exportaron desde España 17,5 toneladas de angulas vivas a Taiwan y 14.900 kilos a China. También se realizaron envíos a Francia, Dinamarca, Reino Unido, Australia y Hong Kong, entre otros países.

En Angulas Eizaguirre, una histórica firma asentada en Aguinaga, el barrio de Usúrbil donde la angula merecería estar en el escudo de armas, Dionisio habla también de las grandes temporadas, cuando las cajas de poliéster con angulas vivas salían casi cada día con destino a París. Eran y son transportadas en cajas especiales que disponen de un compartimento para el hielo. De este modo, se ralentiza la actividad vital de las crías, que deben hacer frente a viajes de hasta 48 horas. «La mortalidad anda por el 5%», dice Dionisio Eizaguirre. Según otras fuentes, los alevines viajan adormecidos con eugenol, un anestésico extraido del clavo. Gaëtan Mabit confirma que las angulas se trasladan en contenedores a unos 6º de temperatura (son capaces de sobrevivir a cero grados) y que el riesgo del transporte es tan grande que ninguna compañía de seguros acepta responsabilizarse de los envíos. «En ocasiones hemos tenido pérdidas. Cada expedición es un riesgo», comenta.

Las angulas francesas viajan en aviones de Catay Pacific. Tras un vuelo de unas 10 horas y una vez en Shangai o Hong Kong, son transportadas en camiones vivero hasta la provincia costera de Fujiang, donde las sueltan en arrozales. Cuando alcanzan el kilo de peso son extraídas del fango, saneadas y vendidas. «Esas anguilas van luego a los restaurantes japoneses de todo el mundo. Y se pagan muy caras», confirma Pedro Lee, portavoz de la comunidad china en Vizcaya y responsable del restaurante Asia Chic. Uun paisano suyo estuvo asentado durante años en Lasarte dedicado a este lucrativo negocio. «A veces se hacen envíos de hasta 100 kilos. Es mucho dinero» (hasta 70.000 euros por lote), precisa Lee.

Interesan las hembras

Pero cada angula es, en potencia, una anguila susceptible de acabar en la mesa de un restaurante. Se necesitan unos 4 kilos de angulas para producir una tonelada de anguilas de tamaño comercial. En España se las alimenta con huevas de merluza o bacalao, que se sustituye poco a poco por pienso seco. El control de la cría debe ser muy intenso. Después de tres meses en la piscifactoría, las angulas pesan unos 10 gramos y están listas para ser llevadas a los tanques de engorde. En esta época presentan «una gran tendencia natural al escape», ya que son capaces de trepar por paredes, húmedas y verticales, de hasta un metro de altura. Una vez en los tanques, los ejemplares se separan por tamaños cada mes para evitar peleas por el alimento y casos de canibalismo. Sólo entre el 55% y el 60% de las angulas prospera. Las anguilas están listas para ser comercializadas año y medio después de haber llegado a los tanques de cría.

Machos y hembras son muy distintos. Las hembras alcanzan hasta 1,5 metros de longitud y maduran sexualmente entre los 9 y los 20 años de edad. Los machos apenas llegan a los 45 centímetros y están maduros entre los 6 y los 12 años. A la industria de la anguila, claro, le interesa producir hembras, de mayor tamaño y peso. Pero en piscifactorías y arrozales, cuantos más ejemplares hay, mayor es el número de machos. Los investigadores trabajan en el suministro de sustancias (como esteroides y estrógenos naturales) para conseguir hembras cuando las anguilas llegan al momento de la diferenciación sexual (cuando miden unos 12 centímetros).

Fuera de las industrias, en los ríos y estuarios, la madurez sexual indica a las anguilas que es el momento de regresar al lugar donde nacieron. Y lo hacen con una fe ciega y una voluntad inquebrantable. Hasta tal punto de que, en el viaje, de más de 4.000 kilómetros, no ingieren alimento y se les ciega el ano.

El gran reto de la industria anguilera es conseguir la reproducción en cautividad. Cuestión de cifras. En Japón, por ejemplo, la mitad del coste de producción de las factorías se lo lleva la compra de angulas vivas. Allí, y en la especie japonesa, se han logrado algunos avances, como la maduración de hembras y la puesta de huevos (con tratamientos hormonales).

La tarea viene de antiguo. Ya en Francia, en 1937, se realizaron estudios para lograr su reproducción en cautividad. Lo que sí se ha conseguido ya ha sido la maduración y la producción de esperma en machos de anguila. «Hasta el momento -apunta un estudio publicado en la revista 'AquaTic'-, el freno de la reproducción de la anguila europea está en la obtención de larvas viables». Obstáculo, subraya, superado en la anguila japonesa. Investigadores nipones han logrado sacar adelante a buena parte de las 4.000 larvas de anguila con las que trabajaron alimentándolas con dietas húmedas basadas en polvo de hueso de tiburón.

El tiempo se acaba. Bruselas y los países nórdicos han dado los primeros pasos para prohibir la pesca, lo que pondría fin a las típicas cazuelitas de angulas con tenedores de madera. Otros sectores son partidarios de autorizar sólo la captura de alevines para su uso en piscifactorías. «Cada país tiene sus costumbres y es muy difícil ir en contra de las costumbres de un pueblo», reflexiona el francés Gaëtan Mabit. Las costumbres de la angula, sometida a esa doble migración, sí que han sufrido cambios de verdad.



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