La marcha de Javier Irureta al término de la pasada temporada, unida a la de grandes mitos del deportivismo como Fran y Mauro Silva, abrió un tiempo de dudas e incertidumbre en el seno del Deportivo. Llegaba Joaquín Caparrós, que hizo del Sevilla todo un equipo, se renovó la plantilla con jugadores como Juanma, De Guzmán, Taborda... Pero, a pesar de todo, la exigente afición de Riazor no las tenía todas consigo.
Pero con el comienzo de la Liga se vio que el estilo de Caparrós calaba en el equipo coruñés. El Deportivo se volvió rocoso, equilibrado y agresivo, y se convirtió desde las primeras jornadas en un conjunto complicado de batir. Ahora han pasado 16 jornadas y los números no mienten. Los gallegos, sin duda, son uno de los conjuntos más duros a domicilio, un hueso duro de roer que sólo ha perdido lejos de su campo en la octava jornada, cuando cayó por 2-0 en Anoeta. En el resto, un total de ocho encuentros hasta el momento, ha puntuado, y lo que es más peligroso para el Athletic, el Deportivo llega en una extraordinaria racha de tres victorias consecutivas -Racing, Sevilla y Celta- y un balance de ocho goles a favor y ninguno en contra.
Sus quince puntos logrados fuera de Riazor son los que mantienen al 'Dépor' en el grupo europeo de la Liga. Sextos con 29, a un punto de la zona 'Champions', los de Caparrós vuelven a necesitar no irse de vacío de San Mamés después de su última derrota liguera en su estadio frente al Espanyol. Ya lo dice Pedro Munitis, uno de los jugadores más en forma del equipo: «Nuestra asignatura pendiente está en casa. Fuera no se nos puede pedir más, así que debemos mantener la misma línea como visitantes y tratar de afinar en casa en lo que resta de temporada para estar delante», explicó el delantero cántabro antes de viajar a Bilbao.
De la misma idea es el entrenador, Joaquín Caparrós, para quien su equipo se muestra tal como es lejos de Riazor. «Fuera de casa estamos siendo el equipo que queríamos, con mucha personalidad, y hay que mantenerlo, porque en el fútbol lo de atrás no vale para nada y por eso hay que afrontar el partido inmediato con ilusión y utilizando el pasado como experiencia».
Sin duda, su desigual rendimiento entre los partidos de casa y a domicilio hay que entenderlo desde el estilo de juego que tiene el Deportivo esta temporada. Caparrós ha dotado al equipo de grandes dotes de disciplina y trabajo. Con un 4-2-3-1 es un bloque de presión constante que pone en muchas dificultades al rival cuando trata de jugar, estilo que le viene muy bien fuera de casa, porque además tiene a jugadores como Valerón, Munitis y Tristán que se encargan de dar el toque de calidad y de acertar con la portería contraria.
Pero este sistema se vuelve en su contra cuando de llevar el peso del partido se trata. Al Deportivo le cuesta quitarse su corsé, y eso se refleja en que sólo ha logrado 14 puntos en Riazor. Hoy vuelve a jugar a domicilio. San Mamés, donde ganó el pasado año, le pondrá a prueba.