21 puntos en 17 jornadas. El balance del Zaragoza esta temporada es ligeramente mejor al de la anterior, en la que el conjunto aragonés llegó a la misma altura del campeonato instalado en la decimocuarta posición con 19 puntos. La mejoría es bendecida en La Romareda, donde creían que la ausencia de David Villa -un seguro de gol los dos años que vistió la camiseta zaragocista- iba a ser un motivo de preocupación. Pero no, el primer año después de Villa, que ahora golea en Valencia y con la selección, no es, de momento, perjudicial para el club que entrena Víctor Muñoz.
El traspaso del asturiano, que se cerró en doce millones de euros, llevó a Zaragoza a tres delanteros. Ésa fue la fórmula que empleó Alfonso Solans, eterno presidente del club, para callar las voces críticas de sus aficionados. La marcha de Villa se reemplazó con la contratación del brasileño Ewerthon (2,3 millones de euros), la del argentino Diego Milito, avalado por una buena campaña en Génova, y la del catalán Sergio García, que en el Levante se hizo más popular por sus peinados que por sus goles.
Los dos primeros son habituales en los esquemas de Víctor mientras que Sergio García, que cada día que pasa lleva el mismo camino que Portillo en el Real Madrid, está muy lejos de ser determinante. Entre el mayor de los Milito y Ewerthon han marcado doce goles. La suma está dos por encima de los obtenidos por Villa antes del parón invernal de la pasada campaña.
Remontar la crisis
La aparente placidez en la que ahora se mueve el Zaragoza, al que la victoria sobre el Athletic le dejó a una escasa distancia del segundo corte bueno del campeonato - el de los equipos que persiguen la séptima plaza del Sevilla (26 puntos)-, le ha costado más de un sufrimiento. Es más, el puesto de Víctor Muñoz ha peligrado en varias ocasiones. Y en el club dicen que le habían buscado sustituto.
El técnico aragonés, que en verano firmó una rocambolesca renovación en la que un día decían desde el consejo de administración que entraba en sus planes y al día siguiente anunciaban a los cuatro vientos que no era el elegido, ha estado al borde de la destitución en varias ocasiones.
Ganar el primer partido de Liga le llevó cuatro jornadas. El Zaragoza doblegó a Osasuna (3-1) el 21 de septiembre y encontrar otra victoria le tuvo en faena hasta que el pasado 4 de diciembre, cuando superó al Cádiz en el Carranza. Ese día, Víctor se jugó la cabeza. Sabía que si su equipo, que la jornada anterior había caído en La Romareda con el Sevilla, no volvía con los tres puntos, sería despedido. El sudor frío que le recorrió el cuerpo la tarde gaditana se convirtió en refuerzo moral cuando una semana más tarde sacó adelante su compromiso casero contra el Celta. El círculo del éxito se amplía después de empatar con el Espanyol a domicilio el último fin de semana del campeonato y de remontar un 0-2 al Athletic para despedir 2005 con un 3-2 que le da alas ahora que le toca visita a Mendizorroza, donde ya le aguarda un Alavés en estado de extrema necesidad.