El Correo Digital
Lunes, 2 de enero de 2006
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SOCIEDAD
ÁLAVA    VIZCAYA
 
EDICIÓN IMPRESA
 
EN LA CALLE. Lola Galera fuma sin complejos ante su familia. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ
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El día de Año Nuevo las ciudades son paisajes desolados después de la batalla. Ayer, primer día sin tabaco por decreto, en Bilbao se libraron pequeñas escaramuzas, humeantes pero incruentas. Al aire libre, Santiago Pisonero, un hombrón de 73 años, chupaba de la boquilla negra a la que había atornillado un 'BN'. En plena Gran Vía, acompañado de su hija Beatriz y de su cuñado Roberto, también fumadores, Pisonero despotricaba contra la ley: «Esto es una arbitrariedad más de la clase política. Mi nieto Jorge tiene una salud de hierro, yo he fumado en casa lo que he querido delante de mis 5 hijos y están todos sanos. Y subo al Pagasarri de espaldas. No he intentado dejar de fumar nunca porque soy feliz», sonríe, la cabeza cubierta por una tupida gorra castellana. «Esto cambiará -sentencia, misterioso- cuando los fumadores nos juntemos y empecemos a votar al gorila».
 
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