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Las agujas de Ipizte sirvieron en la tercera guerra carlista para ocultar a un parroco condenado a muerte en Aramaio
03.08.12 -
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Iruatxeta  (1.062 m)
Iruatxeta  (1.062 m)
Urna con reliquias del cura en la cueva. CASIMIRO AÑIBARRO
Aramaio es un recóndito y bonito valle que atesora un sinfín de historias y leyendas. Muchas de ellas están más vinculadas a la rica mitología vasca que a la realidad, pero otras son hechos históricos contrastados, aunque resulten increíbles. Este es el caso de la cueva del cura Santa Cruz, una pequeña oquedad situada en una de las agujas de Ipizte en la que se refugió un religioso carlista durante tres días de 1873.
La historia no tiene desperdicio. Su protagonista, el párroco Manuel Ignacio Santa Cruz y Loidi, se enrroló en las filas de Carlos VII durante la tercera guerra carlista y, al mando de un pequeño grupo de guerrilleros, rápidamente se hizo famoso por su crueldad con los enemigos. Pero esa impiedad acabó por volverse en su contra y fue condenado a muerte por los dos bandos. En 1973, fue apresado en Aramaio y recluido en el Ayuntamiento, pero cuando esperaban la llegada de Fernando Primo de Rivera (ministro de la guerra y tío del años más tarde dictador Miguel Primo de Rivera) para asistir a su ejecución, logró escapar descolgándose de una ventana con unas sábanas anudadas. Pidió ayuda a los baserritarras del valle, quienes, ante su condición religiosa y desconocedores de sus fechorías, se apiadaron de él y no dudaron en refugiarle en la cueva Nardin Koba, situada en la base de una de las tres agujas que se desgajan de Ipizte hacia el valle.
En esta excursión visitaremos la cavidad, de acceso algo complicado y sin indicaciones para mantener el secreto del lugar. El lugar de partida elegido es el barrio Gantzaga, a los pies de la peña. Hay que coger la pista asfaltada que sube hacia los caseríos más altos de la barriada: Amelburu y Urdungio. Este último, por cierto, es protagonista de otra leyenda, ésta sin contrastar, según la cual durante la invasión napoleónica, los soldados acampados en el valle montaron una bolera cerca del caserío en la que realizaban las apuestas con monedas de oro. Incluso tenían un almacén cercano donde guardaba el preciado metal que nunca fue encontrado...
Continuamos subiendo por un camino entre los dos caseríos, en el que pasamos junto a un depósito de aguas y acabamos por desembocar en otra pista (0h.15') en la que seguimos a la derecha. Obviando nuevos desvíos, transitamos por un tramo herboso antes de desembocar en otra pista forestal que termina por convertirse en un camino en el que encontramos una fuente. Más adelante salimos a una ancha pista en la que seguimos a la derecha hasta un refugio (0h.40).
La influencia del Parque comienza a sentirse aquí. Los pinos dan paso a las hayas y las vacas y los caballos pastan a sus anchas. Seguimos la pista, aunque enseguida, junto a una haya (izd.), subimos por una senda hasta un mirador y el cercano cordal. Sobre nosotros se alza una peña subsidiaria de Ipizte que debemos bordear por detrás para coger la senda que recorre las empinadas y herbosas ladderas orientales de la montaña hasta los monolitos (1h.15'). En la base del más cercano a la cima -Iruaitxeta Goikoa- se encuentra Nardin Koba, a la que se accede por una estrecha grieta que pasa desapercibida y obliga incluso a quitarse la mochila. En su interior, una urna con estampas y un rosario recuerda la estancia del párroco.
Desde el monolito, la cima de Ipizte está cerca, subiendo por el cordal y bordeando (izd.) una peñas ante de auparse a la cima (1h.30'). Para la vuelta, lo más sencillo es bajar a Zabalaundi siguiendo las marcas e hitos que nos guían en fuerte pendiente por la vertiente oeste y desde el collado bordear la montaña, llegar al mirador y desandar el camino de subida hasta Gantzaga (2h.45')
Por cierto, Santa Cruz logró huir, pasó a Francia, ingresó en los Jesuitas y se fue a las misiones. Murió en Colombia a los 84 años, cincuenta después de su épica huida del Ayuntamiento de Aramaio.
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