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El vértice de Anayet

Es una amplia arista conformada por dos cumbres gemelas separadas por el collado Rojo
El Anayet es uno de los dosmiles emblemáticos del Pirineo oscense, tanto por su accesibilidad, como por la belleza de su marcha de aproximación.
05.10.09 -
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Vértice de Anayet (2.559 m).
El Anayet es uno de los dosmiles emblemáticos del Pirineo oscense, tanto por su accesibilidad, como por la belleza de su marcha de aproximación, que discurre en su ruta de ascenso más transitada de la GR-11 a través del valle de canal Roya y los ibones de Anayet. En realidad, es una amplia arista conformada por dos cumbres gemelas separadas por el collado Rojo. Al norte se alza el Pico de Anayet (2.545), de perfiles mucho más espectaculares y abruptos y, por tanto, de más dificil acceso que su gemelo, el Vértice de Anayet (2.559), al sur, que lo que gana a su hermano en altitud lo pierde en dificultad de ascensión y estética.

La marcha comienza en la estación invernal de Candanchú, donde bajamos por la carretera que lleva a Canfranc hasta unos metros antes del puente del Castellar o del Ruso (0h.20'). Allí abandonamos el asfalto y nos encaminamos por un sendero (izquierda) hacia la canal Roya. Pronto enlazamos con la pista que nos adentra en el valle por un terreno boscoso, muy agradable para la caminata.

La fuente del Cerezo (0h.50') permite un primer respiro y llenar la cantimplora, ya que, salvo algún arroyo en las alturas, no encontraremos más bebederos. La pista discurre a la izquierda del río y acaba por convertirse en una senda que enseguida lo cruza, para comenzar a ganar altura con más brío en las inmediaciones del refugio de Lacuart.

La Rinconada

El paisaje confirma las nuevas altitudes por las que transitamos: el bosque da paso al pasto y las suaves formas de la canal Roya en su zona baja se transforman ahora en un profundo cañón, en cuyas paredes no es raro divisar algún sarrio ­nombre que reciben los rebecos en el Pirineo oscense­ o escuchar las llamadas de las marmotas.

La canal Roya dibuja una amplia curva en dirección NO-E-SE rodeando el pico de Anayet (no confundir con el Vértice) y sus perfiles vuelven a suavizarse antes de situarnos a los pies del muro de La Rinconada (2h.30'), una pared de algo más de 300 metros de caída, aparentemente, infranqueable que cierra el valle.

Un sendero empinado, pero perfectamente dibujado sobre la roca, nos eleva hasta el collado de Anayet (3h.20'), donde, sin llegar a los cercanos ibones del mismo nombre, nos dirigimos hacia la derecha (O) camino del collado Rojo (2.437 m.), situado entre los dos Anayets y que nos obligará a alguna pequeña trepada.

Una vez en el collado, el Vértice se alza a nuestra izquierda, y hacia él nos dirigimos por la arista cimera hasta alcanzar la cumbre, presidida por un vértice geodésico (4h.05'). Las vistas de las principales cimas del Pirineo occidental son espléndidas, con especial mención del emblemático Pic du Midi de d'Ossau (N), mientras que, a nuestros pies, se sitúan los ibones de Anayet, un lugar de parada obligada por su belleza. El descenso lo realizaremos por el itinerario de subida. Nos llevará algo más de tres horas, para totalizar 7h.15' de caminata sin contar paradas.


Datos de interés

Cima:
Vértice de Anayet (2.559 m.). Puntuable para los Cien Montes.

Situación:
Pirineo oscense occidental, entre Canfrac y Sallent.

Dificultad:
Alta. Para montañeros con fondo. La ascensión final exige alguna trepada.

Desnivel y tiempo:
1.199 m. 7h.15' (4h.05' de ascensión)

Comunicaciones:
Desde Bilbao, llegar a Pamplona y coger la N-240 a Jaca. Luego, la N-330 a Candanchú.

Servicios:
Todos en Candanchú
Tel: 974373263 y Canfranc
Tel 974373141. Cámping en Canfrac
T 608731604. Agroturismo en Canfranc.


Cartografía:
Mapa y guía de Candanchú-Canfranc (Ed. Alpina).


Más datos

'Ochomilista' con polémica

F. J. Pérez

La nómina de coleccionistas de los Catorce Ochomiles tiene un nuevo nombre. El coreano Um Hong Gil (39 años) ascendió el 31 de julio el K2 (8.661 m., vía Abruzos), lo que significaba su decimocuarto ochomil. Al menos, según él, porque la gesta del asiático, que sería el octavo hombre en completarla, no está exenta de polémica.

Las dudas se remontan a 1995 y a su presencia en el Lhotse (8.516 m.). Mientras Hong Gil da por hollada esa cima, otros alpinistas que escalaron la montaña con él, como Juanito Oiarzabal, afirman que, antes de llegar a la cima, se dio media vuelta. El montañero coreano reconoce esa versión, pero la completa asegurando que, al poco rato, volvió sobre sus pasos hasta alcanzar la cumbre. La prestigiosa periodista Elizabeth Hawley, encargada de homologar las ascensiones a ochomiles, nunca dio por buena esta versión, por lo que la gesta de Um no ha adquirido carta de oficialidad.

Polémicas al margen, Um Hong Gil ostenta un envidiable palmarés ochomilista, que inició en el Everest en 1988 y no retomó hasta 1993 (Cho Oyu y Shisha Pangma). Tras otro paréntesis de un año, de 1995 a 2000, el coreano ha hollado diez ochomiles, además de la ascensión fantasma al Lhotse.




Caza y pesca

Perro viejo, cazador cojo

Juan Antonio Sarasketa

Los cazadores dormirán poco esta noche, se levantarán de madrugada y mirarán las estrellas, que no terminan de marcharse por culpa del perezoso sol. No en vano, mañana se producirá la desveda en Ávila, Burgos (sur), León (sureste), Salamanca, Segovia, Valladolid, Zamora, Madrid, Navarra y Aragón. El martes, en Mallorca, Castilla-La Mancha, Álava, Palencia (sur) y Soria. Todo está listo: comida, escopeta, cartuchos, ropa y, cómo no, ese insustituible compañero de cuatro patas al que no le hace gracia madrugar mucho.

Por sus cabezas bullirán promesas y propósitos difíciles luego de llevar a efecto. Pero lo importante es que esa viajera alada que arriba del continente africano no haya iniciado en parte el regreso a su lugar de origen, impulsada por la retirada exultante de esa paja que le sirve de momentáneo refugio.

El joven cazador dará sus primeros pasos y pondrá a prueba su primer perro, dando suelta a una afición contenida durante todo el año. Vivirá igualmente momentos inolvidables al observar tenso y emocionado como el noble animal levanta el hocico para ventear la pieza hasta quedarse quieto como una piedra. Los miembros estirados, la cola tersa como un junco y los ojos, con una fijeza extraordinaria, impregnados de efluvios magnéticos. Parecerá que no puede respirar siquiera, y así pemanecerá hasta que el absorto cazador le ordene entrar a la codorniz. Es el momento más bello. Lo del tiro es más fácil, aunque la mayoría de los que se fallan debían haberse cobrado si el cazador no se hubiese precipitado al doblar el índice.

Andar no quiere decir, ni mucho menos, que se cace bien, ni llevar una escopeta, mandar un perro o elegir el campo de operaciones significa la posesión de todos los complejos conocimientos de destreza, inteligencia y estudio de las costumbres de la codorniz. De la teoría a la práctica hay un amplio camino sembrado de dificultades. Y, para vencerlas, hace falta sacrificio, conocimientos y, sobre todo, mucha experiencia. Máxime, en temporadas como la presente, cuando las codornices no abundan y las oportunidades hay que trabajarlas.

No se equivoca ese adagio cinegético que dice: Para la codorniz, perro viejo y cazador cojo. Así pues, despacito, cortar bien el terreno con el sol de espalda, a poder ser ,y cara al viento.
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