Rutas en bicicleta de montaña Euskadi
Centros BTT de Euskadi: Mendata, Izki y Deba.
En Francia y Cataluña son un éxito y constituyen un pilar importante del turismo rural. En Euskadi, los centros BTT -acrónimo de Bicicleta Todo Terreno- están dando sus primeros pasos, pero prometen emociones fuertes para los viajeros más aventureros. Este tipo de infraestructuras turísticas se articulan en torno a una red de senderos y pistas ciclables bien señalizadas alrededor de un lugar de encuentro donde se ofrecen diversos servicios de valor añadido: alojamiento, alquiler de bicicletas, ducha, taller de reparación... Su filosofía es que el aficionado a los pedales pueda conocer una comarca de una manera sencilla, segura y con la posibilidad de pernoctar.
El primer centro de estas características en el País Vasco fue el de Busturialdea. Desde 2006, el punto de acogida ubicado en Mendata atiende cada año a miles de ciclistas de montaña. El viajero puede completar un total de 11 itinerarios, con más de 250 kilómetros, a través de carreteras secundarias, pistas forestales y pequeños senderos. GPS ha completado uno de los recorridos más bellos y espectaculares que se proponen en la Reserva de Urdaibai.
La ruta del Bosque de Oma atraviesa la obra pictórica más importante de Agustín Ibarrola. Ése es su gran reclamo, pero no el único. El trazado discurre también a lo largo de verdes valles, calzadas históricas y bosquetes autóctonos. Un sube y baja constante que encierra la esencia del mundo rural vasco a lo largo de 23 kilómetros. Una aventura que, con varias paradas para disfrutar del paisaje, nos llevará unas tres horas completar.
El recorrido parte del centro de acogida del municipio de Mendata. En verano conviene aprovisionarse bien de agua, ya que la humedad y el calor aprietan. Los dos primeros kilómetros son un descenso relajado por carretera hasta la pedanía de Marmiz. Pedaleamos en compañía de Osmond, un joven noruego que llegó a Euskadi por amor: su novia es de Bilbao. Juntos tomamos el desvío que nos lleva a través de una calzada centenaria que forma parte aún hoy del Camino de Santiago.
Ascenso a Ereñozar
Descendemos a toda velocidad, pero con precaución, hacia el fondo de un profundo valle. En su parte más baja nos saluda el arroyo Olaran. Nos bajamos de la bicicleta para vadearlo entre las piedras. El sendero se convierte ahora en una senda técnica, repleta de piedras y raíces resbaladizas. A Osmond le gusta el paisaje. Sobre todo cuando, al salir del río, comenzamos a ascender entre caseríos y prados que desprenden un suave frescor. «Que verde es vuestro país», apunta.
Pronto llegamos al barrio de Belendiz (km. 5,5). Ascendemos por una pista empinada que nos lleva a una pequeña meseta donde merece la pena salirse unos metros del trazado. Nos detenemos y observamos cómo a nuestra derecha queda el majestuoso monte Oiz con sus molinos eólicos. Y a nuestra izquierda asoman los encinares relictos de Urdaibai y una de sus cimas emblemáticas: San Miguel de Ereñozar.
El camino vecinal serpentea hasta la carretera que lleva a Santimamiñe. Afrontamos unos 3 kilómetros de dura subida antes de llegar al restaurante Lezika, ubicado a los pies de la cueva rupestre más importante de Vizcaya. Podemos deternernos en el merendero para recobrar fuerzas antes de afrontar la subida al Bosque de Oma. Serán otros 3 kilómetros de ascenso por una pista forestal.
Para acceder a la obra de Ibarrola (kilómetro 13) debemos descender una fuerte pendiente de 250 metros de longitud. Las cortezas coloreadas de los árboles nos saludan. Se respira paz y nuestro compañero noruego se muestra a la vez maravillado e intrigado. «¡Qué lugar más pintoresco!», proclama en un perfecto castellano. Tras unos minutos de descanso y sosiego continuamos la ruta. Pero un pinchazo nos detiene y nos retrasa, lo que nos obligará a acelerar el paso.
El regreso a Mendata se realiza a través de la carretera de Nabarniz y otros caminos vecinales. Poco antes del final nos espera otra de las joyas de la ruta: el puente de Artzubi, una majestuosa pasarela de piedra del siglo XVI. El entorno, verde y húmedo, nos transporta en el tiempo hasta el renacimiento, cuando por la calzada atravesaban mercaderes en busca de pescado y vino y peregrinos de camino a Zenarruza. Ya en el punto de acogida limpiamos nuestras bicicletas con la manguera y nos despedimos de Osmond hasta una próxima excursión.