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Descubrimos los rincones más tranquilos de la capital italiana, que ahora se coloca a dos horas de vuelo
29.10.10 -
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Viajes (Italia). Roma sin agobios
Ponerse a estas alturas a descubrir Roma a los visitantes es perder el tiempo, y además para eso están las guías, que ahora las hay muy monas, con muchos dibujos. Todo el mundo sabe lo que hay que ver: el Coliseo, la Fontana de Trevi, la Piazza de Spagna, el Vaticano,... En general un puente o un fin de semana se van en visitar los lugares obligados para el currículum. No tiene por qué ser una experiencia agradable, porque uno de los problemas de Roma son las masas de turistas. Por eso, para quien haya estado más veces o desee escapar de la marabunta, pueden ser útiles algunas sugerencias de rincones donde nunca hay nadie.
Por ejemplo, hay museos fantásticos y desiertos. Uno es el Museo Nazionale Romano, al lado de la estación Termini, en Piazza del Cinquecento. Si le apasionan los frescos y los mosaicos romanos éste es su museo. También hay esculturas, pero si quiere disfrutar de una rara experiencia estética puede acercarse al curiosísimo museo de la Central Montemartini (Via Ostiense 106). Es la primera planta eléctrica de Roma y como no sabían que hacer con ella a alguien se le ocurrió algo genial: dejar las enormes máquinas dentro y colocar por ahí torsos de mármol y estatuas clásicas. El contraste es fascinante.
Otra buena idea es ir al Palacio Barberini, porque además acaba de recuperar todo su esplendor. Por fin ha terminado un delirante litigio histórico y se ha recuperado para el público medio museo que estaba cerrado desde hace años porque -prepárense- estaba ocupado por un club de oficiales. Tenían el billar y cosas así. Además de sus obras maestras -Rafael, Caravaggio, El Greco- el propio palacio en sí es un espectáculo. Da la idea de lo bien que vivían algunos en Roma y cómo era, y es, el mundillo de las grandes familias. Las salas silenciosas y los jardines son un oasis en el caos del centro. Una experiencia aún más exquisita, en este sentido, es la Villa Farnesina, en Trastevere, Via della Lungara. Es un palacete que se ve en un ratito con fastuosos frescos de Rafael. Nunca hay casi nadie.
Barrios con encanto
Otra pista interesante es el nuevo MAXXI, el museo de arte contemporáneo con el que por fin Roma se pone al día. Es uno de esos edificios de arquitecto de renombre -en este caso Zaha Hadid- que toda ciudad moderna debe tener para parecer, o creerse, algo. Roma no lo necesita y nadie va a la capital italiana a ver eso, sino todo lo contrario, pedruscos milenarios. Por eso es una visita contracorriente y sin turistas que puede ser atractiva. Está en Via Guido Reni 6, en el barrio Flaminio, cogiendo un tranvía en la puerta de Piazza del Popolo. Así se ve un barrio de Roma fuera del centro.
Hay otros barrios ocultos muy bonitos, también para amantes de la arquitectura. Uno asombroso es Coppedè, que es más bien una serie de manzanas con unos palacios de cuento, levantados a principios del siglo XX. La referencia es Plaza Buenos Aires y Via Tagliamento, cerca de la Galería Borghese.
Esto por parte aristocrática, pero a nivel popular uno de los barrios más hermosos de Roma es la Garbatella, de los años veinte, un vecindario con casitas ajardinadas. Tiene su parada de metro y está cerca de la basílica de San Paolo Fuori le Mura.
Naturalmente, otros lugares semidesiertos son decenas de iglesias. Una ruta escondida y maravillosa puede pasar por San Clemente, Santi Quattro Coronati y Santo Stefano Rotondo, entre el Coliseo y San Juan de Letrán. San Clemente es una lección de arte cronólogica en varios niveles, pues bajo tierra hay cosas como una logia de Mitra y un fresco con las primeras palabras en italiano. Por cierto, es un insulto sobre la madre de uno.
Santi Quattro Coronati es una abadía que hace retroceder a la Edad Media, y antes de la iglesia, a la derecha, hay que llamar a un timbre para que las monjas dejen entrar a la preciosa capilla de San Silvestre. Santo Stefano Rotondo, por último, es una iglesia redonda inverosímil. Hay que tener cuidado con los horarios, que son raros.
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