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En Roma se come bien, se bebe mal y se disfruta de la compañía en torno a un café
29.10.10 -
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Viaje (Italia). Helados y pizza en la Ciudad Eterna
A Roma se llega siempre con ganas de probar varias cosas. Por ejemplo, el café, la pizza o el helado. Es uno de los mejores lugares del mundo para eso. Para el café basta cualquier bar, hasta el más normalito. Cuesta entre 0,80 y un euro, según las zonas. Aún así, hay locales con histórica fama, como el San Eustachio, en la plaza del mismo nombre, detrás del Pantheon; Tazza D’Oro, a dos minutos, al otro lado del célebre templo, o Giolitti, un poco más allá, junto al Parlamento.
En la pizza ya empieza el margen de error, pues hay algunos engendros para turistas. Las pizzerías con más fama son La Montecarlo, en un callejón de Corso Vittorio Emmanuele, cerca de Piazza Navona y, al lado, girando la esquina en Via del Governo Vecchio, Baffetto. Naturalmente hay muchas más muy buenas, cada barrio tiene las suyas. Por ejemplo, al principio de Viale Trastevere es muy divertido, bullicioso y barato El Obitorio (tanatorio), llamado así de broma por su iluminación fluorescente.
Miles de sabores
En cuanto a los helados cualquier romano huye de los modernos locales a la americana con luces cegadoras y montañas de miles de sabores. En busca de lo artesanal, una heladería estupenda es la Del Teatro, que se esconde en un callejón de Via dei Coronari, a la altura de la plaza de San Salvatore in Lauro. Un clásico es Giolitti, o San Crispino, con locales en Via della Panetteria, cerca de la Fontana de Trevi, y Piazza della Maddalena, en el Pantheon, pero se han puesto muy careros. Una gozosa heladería popular se halla, un poco a desmano, en Via Principe Eugenio, junto a Piazza Vittorio, en Termini. Se llama Palazzo del Freddo, fundada en 1880, y es enorme. En toda Roma los helados son baratos y muy generosos: con el barquillo más pequeño meten hasta tres sabores, y añaden nata de regalo (panna) si se pide.
En cuanto a otras cosas más serias, como las copas, Roma es decepcionante. Mejor no pedir un gin-tonic, no tienen ni idea de prepararlos y el garrafón acecha en cualquier barra. Los romanos son más de aperitivo antes de cenar, para dejarse ver. En las terrazas de Campo de Fiori, Piazza del Fico y el Caffé della Pace, junto a Piazza Navona, o Piazza San Lorenzo in Lucina, hacia la mitad de Via del Corso. Después de cenar, las zonas de más ambiente son Trastevere y Campo de Fiori, pero a las dos de la mañana cierra todo. Un aviso: en Italia no se puede fumar en ningún espacio cerrado y hay muy pocos locales con área reservada.
En cuanto a los restaurantes, qué decir, se come bien en cualquier lado, sólo hay que evitar las trampas turísticas y las terrazas en marcos imcomparables. Quien quiera gastarse una pasta y darse un homenaje tiene los dos mejores restaurantes de Roma en opinión de las más pretigiosas guías gastronómicas: La Pérgola del Hotel Hilton Monte Mario, en las afueras, o Il Pagliaccio, en Via dei Banchi Vecchi 130, muy céntrico.
Con precios más normales están muy bien Pierluigi, en Via Monserrato, y Ditirambo, en Piazza della Cancelleria, ambos al lado de Campo de Fiori. En plan más familiar, uno muy gracioso y acogedor es Gino, en Vicolo Rossini, al lado del Parlamento. Es barato, pero hay que tener cuidado con la cartera porque van políticos y periodistas.
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