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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Planes

PLANES... y también al río

¿Una imagen del pasado? En Espejo los chavales disfrutan en el río Omecillo rodeados de árboles
24.06.09 -

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Parque Recreativo de Espejo (Álava). Baño dulce
Conocidas las playas del Caribe, las piscinas de los hoteles de Benidorm o la tropical de Medizorroza (Vitoria), volver al río Omecillo y a su inmensa chopera, en Espejo, se hace raro. Es como regresar a una infancia lejana; un mundo sin piscinas. ¿Pero existió eso alguna vez?
Mikel tiene 14 años. Ha estudiado segundo de la ESO en la ikastola Iñigo Aritza de Alsasua y disfruta del agua, a pesar de su baja temperatura. «Preferimos esto a cualquier piscina, aunque al salir te quedas de piedra», dice mientras corre hacia el albergue de la Diputación situado a escasos metros de la playa fluvial. Una veintena de alumnos disfruta del baño. Han recorrido más de cien metros río arriba, entre alisos, sauces y chopos. Se les ve felices en su aventura de descubrir espacios abiertos.
Las piscinas han matado el encanto de las playas fluviales de los ríos, pero también la incomodidad de pisar guijarros, hojas y ramas sueltas que se enredan o los pozos traicioneros que dan tantos sustos. A pesar de esos inconvenientes siguen teniendo un atractivo especial.
Hierba y sombra
Espejo, perteneciente al municipio de Valdegovía es un ejemplo. No tiene arena ni sombrillas como las playas. Pero la hierba verde y la sombra de plátanos y chopos del parque recreativo, con sus mesas de piedra, sus barbacoas, sus juegos para niños y su chiringuito de fin de semana, cumplen esa misión. Es el centro del verano del pueblo y el mejor refugio cuando canta la chicharra.
Desde finales de los años sesenta, cuando llegaron los veranenates vizcaínos, siempre se bañó alguien. «Al principio reteníamos el agua del río nosotros con tablas y plásticos. Luego, se construyó la presa y el puente de la piscina fluvial», cuenta Karmele Pascual, de Basauri, que ahora regenta el Bar La Kabaña, junto a la zona de esparcimiento, lugar obligado para comer unas rabas con el ‘vermú’ del domingo. La Diputación se encarga de mantener en buen estado de revista el área recreativa, que recibe, especialmente el fin de semana a cientos de personas.

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