Información
Cómo llegar: A-8 hasta Amorebieta, seguir a Gernika por la BI-635 y continuar por la BI-638, de la que hay que desviarse en Gautegiz de Arteaga. En autobús, hay que coger la línea A3513 (Bilbao-Hospital Galdakao-Gernika-Lekeitio).
Dónde comer: En Natxitua, la mejor cocina vasca en el Hotel Ermintxo (946 277 700). No perderse el rodaballo y la lubina. Precio carta: 35 €. Precio menú: 12 €. Y para tomar una cervecita, te puedes pasar por el Txangurru (946 275 025), en la misma playa, o por el Aritza (946 275 029). Son famosas sus raciones de rabas y croquetas.
Servicios: Dos socorristas, vigilancia, acceso para minusválidos y disponibilidad de hamacas y sombrillas. Cuenta con aseos y vestuarios.
Cuando en Ea sube la marea, casi desaparece la arena, pero la desembocadura de la ría se convierte en una enorme piscina para tirarse de cabeza y hacer piruetas en el aire. Aguas mansas, tranquilidad y preciosas vistas. Es el regalo que ofrece esta playa. Una playa familiar y también limpia. Enclavada en la misma desembocadura de la ría, bañarse en sus aguas ya no entraña ningún riesgo para la salud. Es más, este año han resultado premiadas. Tan sólo en dos arenales vascos, Azkorri y Ea, ondea este verano la codiciada bandera azul.
Y además, segura. Ideal para ir con los más peques. «Es estupenda para los chavales. Nadar no es peligroso». Lo cuenta Xabier, uno de los dos socorristas que vigila cada día este arenal. Aún así, toda precaución es poca. Hay que evitar los cortes de digestión y no perderles de vista. En los meses de verano, hasta Ea llegan muchas excursiones con chavales, que además pueden jugar en una pequeña zona de columpios situada en la entrada de la playa.
Ea es además (o sobre todo) un pintoresco pueblo de pescadores que se encuentra encajonado en el último tramo de su ría, con las casas alineadas en estrechas calles paralelas y un pequeño y antiguo puente que salva el cauce. Es curioso por lo largo que es, y el paisaje resulta radicalmente distinto con marea baja y con marea alta. Cuando sube el nivel del mar, la orilla se convierte en una inmensa piscina.
El caso urbano está lleno de bares y restaurantes (no perderse los pescados traídos desde los puertos cercanos), y en sus alrededores hay varias zonas de paseo. Una buena idea es acercarse hasta la Ermita de la Atalaya por el camino del puerto que parte desde la misma playa, donde aparecen unas vistas inmejorables de la bahía. Y no hay que olvidar que estamos a un paso de Lekeitio y Gernika. Por si queremos guerra.