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Escapada a Amsterdam (Holanda). Bicis, museos y un barrio rojo
No es la capital total y absoluta de Holanda, dado que La Haya, famosa por ser sede del Tribunal Internacional que juzga a los criminales contra la Humanidad, es la sede de la administración nacional y Rotterdam, patria chica de Erasmo, la cinematográfica pues su festival de cine y su galardón, el Tigre, causan furor entre los cineastas más audaces del planeta. No, Amsterdam no es la capital absoluta de Holanda pero le importa muy poco. Y a nosotros, menos. Sus habitantes circulaban en bici casi antes que los ciudadanos de Pekín. Su apostura contra los invasores nazis fue de tal calibre que en su escudo (tres cruces de San Andrés más dos leones) porta orgullosa el lema concedido por la reina Guillermina en 1947: «Heldhaftig, Vastberadem, Barmhartig» (‘valiente, decidida y heroica’).
No, no es la capital total de Holanda pero los judíos expulsados de España en 1496 y de Portugal en 1497, la convirtieron en el centro de su mundo. Tolerante, resplandeciente, la encumbraron como ciudad de los diamantes en eterna disputa con Amberes y construyeron en ella una de las más bellas sinagogas de la diáspora sefardí: la Esnoga Portugueza a la que se llega (estación o parada de Waterlooplein) por las líneas de metro 51, 53 y 54 o tomando los tranvías número 9 o 14.
La población judeo-holandesa fue masacrada en el Holocausto. Llegó a representar el 10% de la población de Holanda y sobrevivieron 5.000. Entre sus víctimas, una muchacha que pasó dos años escondida: Ana Frank. A su casa museo se llega a pie en 20 minutos desde la estación central. A pie, bordeando el canal de Prinsengracht, o en muchos de los tranvías que salen de la estación. Última parada: Westermarkt.
Corre al cine
Entre los grandes pensadores judíos de Ámsterdam, destaca apabullante Spinoza, uno de los grandes racionalistas junto a Descartes y Leibniz. Él dijo: «No me arrepiento de nada de lo que he hecho. Quien se arrepiente es doblemente miserable». Su casa se conserva en el número 41 de la gran plaza Waterlooplein. Hay otro caballero hebreo a quien rendir homenaje en nuestros paseos por Ámsterdam, la ciudad de un equipo de fútbol soberano, el Ajax: Abraham Tuschinski, un sastre apasionado del cinematógrafo que llegó a esta ‘Venecia del Norte’ en 1904 y entre la torre Munttoren (junto al mercado de las flores) y la plaza Rembrandt construyó en puro y bellísimo Art Deco y con la fabulosa ayuda del arquitecto H. L. de Jong el espléndido salón de cine que lleva su nombre.
Convertido en museo y monumento, no sólo destaca por su claraboya policromada, sus brillantes losetas, sus esculturas de cerámica y sus adornos de herrería sino porque siguen proyectándose películas en él. En sesión continua, desde las 12 del mediodía. Todos los grandes estrenos de Amsterdam suceden aquí, en el 26 de Reguliersbreestraat. Si hemos reservado palco privado, podemos ofrecernos el privilegio de encargar vino y comida.
Vino o cerveza. Esta ciudad no es sólo la patria de la Heineken (su tienda en Amstelstraat 31, no lejos del Tuschinski es la perdición de todo bebedor de birra de la buena) sino también de Amstel y Orangeboom. Claro que acaso prefiramos un poco de ginebra. Al fin y al cabo, digan lo que digan los ingleses, fue el muy noble doctor Franciscus Sylvius de la Boeel quien en el sigo XVII, y buscando un elixir contra los cálculos biliares, destiló aquí cebada, centeno y otros cereales y los aromatizó por primera vez con bayas de enebro…
No es recomendable beber vino, cerveza o ginebra a palo seco. Así que hay que comer. ¿Qué? Hombre, mujer: queso, por supuesto. Un poco de Komijn, fresco, joven, hecho con leche de oveja autóctona. O quizás tomaremos uno de cabra. ¿Algo más consistente? Las ‘bitterballen’, las ‘kroketten’ (bolas de carne) o los ‘broodje’, afamadísimos sándwiches de arenque. No, fumar no se fuma en el Tuschinski (en los alegres, pervertidos y rugientes años 20, sí) por mucho que el tabaco holandés (sobre todo el glorioso para pipa, el Baaitabak) sea magnífico, engrandecido su sabor por las hojas curadas al aire libre en Indonesia, antigua colonia de Holanda.
Pasa de turistas
Sólo hay un puñado de locales cerrados en Ámsterdam donde se puede fumar… Los coffeeshops, por supuesto. Esos lugares donde si se tienen 18 años se puede comprar y consumir en un ambiente deliciosamente ahumado, relajado, amistoso y fumeta, hasta cinco gramos de haschis o maría. Por favor, huyan de los locales destinados a Major Gloria Turisten o lo pasarán mal.
Busquen ayuda, consejo y direcciones en www.coffeeshop.freeuk.com o www.coffeeshopdirect.com, pero si no pueden esperar a saber unos cuantos nombres, helos aquí: The Bluebird, De Kuil, Global Chillage, Club Media, The Greenhouse, De Dampkring…
No, no es la capital absoluta de Holanda. Pero como si lo fuera o fuese. Por sus canales, sus diamantes, sus bicis, su tolerancia. Por Rembrandt y Van Gogh. Por el Barrio Rojo, el de las hermosas bellas de la noche. Sólo en esta ciudad podría pasar que uno de los escaparates donde se exhiben las míticas putanas de Ámsterdam esté entre una iglesia bellísima, Oude Kerk, y una guardería. Y todo ríen felices.

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