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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Planes

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La apertura de vuelos baratos, aunque en verano siempre suben, nos acerca la tentación. Este plan de tres noches permite descubrir las delicias ibicencas
16.11.07 -

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Ibiza. Una isla para gozar
Primer día
Créanlo sin dudar: tres días en Ibiza son mucho más que el tópico manido de un cóctel de playa, desenfreno y sexo. Porque serán tres días para los placeres del cuerpo, seguro, pero más que nada tres días para el gozo de los sentidos en un destino permisivo y cosmopolita. Se llega el sábado a mediodía, después de un vuelo directo de 60 minutos con salida en Bilbao. ¿Hotel? Pues hay varias opciones. Si sólo interesa la Ibiza del ligue y el bailongo, no están nada mal las habitaciones de diseño en El Hotel de Pachá, situado justo enfrente de la famosa discoteca. Si se busca algo más barato y playero, el Hotel Simbad mezcla bien el diseño con las vistas a la playa de Talamanca. Y si de lo que se trata es de captar el ambiente bucólico, pues entonces la opción es alguno de los excelentes agroturismos ibicencos como Can Pere en Rocallisa o Can Curreu en San Carles.
¿Alquiler de coche o moto? Sí, totalmente necesario. Una solución en precio y calidad es la que ofrece Autos Casa Valentín (Avda. Bartomeu Vicent Ramón nº 19, Ibiza). Una vez registrados, lo que procede es apurar el primer mediodía con el combinado de playa y chiringuito. En la playa de Es Cavallets (San Jordi) coinciden famosos, anónimos, gays, nudistas y recatados. Se puede comer en El Chiringuito –navajas, lubina y sardinas celestiales– o en Chiringay, un templo para las miradas y los cuerpos masculinos. La siesta es obligada, pero el sol no debe convertir al recién llegado en un ridículo ‘piel roja’. De ahí la obligada vuelta al hotel tras la puesta de sol. Relax, ducha, cremas y ropa adecuada para la cena y las copas en El Ayoun (San Rafael), donde la música de Ángel Cielo, la cocina de fusión oriental, las jaimas y los mojitos son el mejor atrezzo para una noche excelsa. Mucho cuidado con el alcohol y los controles en la carretera, eso sí, ya que son habituales en la ruta de San Antonio a Ibiza, lugar de paso obligado para las fiestas de las discotecas Amnesia y Privilege.
Segundo día
Da igual la hora en la que se terminó la noche o si ésta no ha terminado del todo. El caso es que un buen desayuno a la luz del Mediterráneo es como un regalo que despeja y prepara el cuerpo para un domingo intenso. En la terraza del Café Sydney del puerto marítimo Botafoch lo saben bien: ensaimadas, ‘pa amb tomaquet’ y hasta el ‘brunch’ tradicional, sí, mientras los paparazzis fotografían a Elle Macpherson subiendo a un barco. Otra posibilidad es La Croissanterie, en el pueblo de Jesús, donde las ensaimadas y los huevos pasados por agua son la vitamina de la modelo Ariadne Artiles. Y, ¿después? Pues quizás un viaje de 20 minutos a Formentera en alguno de los ferries que salen del puerto, para bañarnos en la playa de Migjorn, para tomar una clara con los diseñadores Jordi Labanda y Phillip Starck en el chiringuito Sun Splash o para comer en el Juan y Andrea, claro, con todos los riquísimos de los barcos que atracan enfrente.
¿Y si nos quedamos en Ibiza? Pues entonces se puede elegir alguna cala no muy frecuentada. Por ejemplo, la minúscula Cala Olivera, en Rocallisa, donde a lo mejor te encuentras con Roman Polanski haciendo nudismo. O si no Cala Pluma, en San José, de la que es habitual la famosa Jade Jagger. También Cala Llena o Cala Mastella en Santa Eulalia, en las que imperan la discreción y la libertad. Caída la tarde, lo idóneo es disfrutar de la puesta de sol, pero no con los turistas que atiborran el Café del Mar en San Antonio o el show de los tambores en la Cala Benirrás (San Miguel). Una opción interesante es la terraza del Hotel Na Xamena (San Miguel), donde el gin-fizz se bebe al borde del acantilado. Lo mismo que en la terraza de Sol d’en Serra (Cala Llonga), con el añadido de unas camas chill out. Ya por la noche, y si el cuerpo aguanta, los valientes pueden engancharse a las sesiones de los DJ’s David Guetta y Jade Jagger en Pachá o a cualquiera a las grandes fiestas de Amnesia (San Rafael), El Divino (Ibiza) y el Space (Playa d’en Bossa) .
Tercer día
Compras, cultura y placer. Tostada la piel y saturados los sentidos, nada impide resucitar en el tercer día para conocer mejor la capital y la isla o hacer las compras de rigor. El desayuno con churros y ensaimadas en la terraza del Hotel Montesol (Vara de Rey nº 2). ¿Tiendas? Sí, por favor. Las marcas a buenos precios en Arias (Avda. Bartomeu Ramón nº 2). Restos de Slimane y lo nuevo de Prada a precios de outlet en Galy (Avda. Bartolomé Roselló nº 10). Telas indias en Vicente Ghanesa (Montgri nº 14) y los mejores T-shirts en Ibiza Republic (De la Cruz nº 25). Otras tres tiendas sorprendentes fuera de la ciudad son La Maison de l’Elephant, en la carretera de San Antonio (decoración y productos étnicos); Darío Bomé, en San Miguel (Piel, fulares y las mejores mochilas del mundo) y Sluiz, en la carretera de San José (ropa, menaje, regalos, velas...).
Con bolsas o sin ellas, siempre es obligada la subida a pie a la zona antigua de la ciudad, Dalt Vila, donde se puede visitar el Museo Arqueológico o el de Arte Contemporáneo. Otra cita obligada es el paseo por la zona de calles antiguas del puerto, llena de tiendas y bares. Esto último se puede dejar también para la noche, ya que las miradas provocadoras, los atuendos de fantasía, las copas y los decibelios invaden en el horario nocturno toda esta zona. Una opción distinta para mediodía es la comida en pleno campo. Por ejemplo en Balafia (San Joan), donde se comen chuletas y ensaladas –pida la de tomate– debajo de árboles ancestrales a buen precio.
¿Y la tarde? Pues todavía hay tiempo para un último bañito. Por ejemplo, en la playa de Las Salinas (San Jordi), con la música y los cuerpos concentrados en el Malibú, el Jockey Club o el Guaraná. Como alternativa hedonista, también se puede recibir un masaje con famosos y chill out en Atzaró (San Joan). Y como epílogo, una cena tranquila a la luz de la luna en el borde de la piscina de Clodenis (San Rafael), porque esto se acaba y encima hay que estar en el aeropuerto antes de las diez de la mañana.

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