El Correo Digital
Miércoles, 22 octubre 2014
sol
Hoy 11 / 28 || Mañana 17 / 34 |
más información sobre el tiempo

PLANES

Casi dos kilómetros de arena dorada forman este paraíso donde hace 80 años aterrizó un avión francés
25.06.10 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Oyambre (Cantabria). La lengua del placer
Vista de la playa de Oyambre./Amaia González
Para pasar unas vacaciones de ensueño no es necesario ni irse a Tailandia a hacerse la foto con las mujeres jirafa ni bailar la samba en Brasil. Basta con extender la toalla en alguna playa cercana, que por suerte tenemos muchas y muy buenas, pasear plácidamente por la orilla y saborear una jarra de cerveza helada en el chiringuito más próximo. Así que no te preocupes por los nubarrones de la economía y por los recortes que nos acechan y escoge alguna de las magníficas playas que te proponemos a continuación para disfrutar de un perfecto verano anticrisis. Nuestro primer destino es Oyambre, en Cantabria.
Las aves salvajes son animales sabios que suelen elegir con mucho tino su residencia estival. Guiándonos por su buen criterio, descubrimos en la costa occidental de Cantabria un increíble arenal dorado de 1.800 metros que permanece casi virgen, gracias a la protección y el abrigo que le proporciona el Parque Natural de Oyambre, que se extiende entre las rías de La Rabía y San Vicente de la Barquera. Ni apartamentos, ni adosados, ni hoteles de ocho plantas… Sólo bosques, prados, dunas, marismas y acantilados rodean esta playa formando un paraíso natural en el que habitan más de 300 especies de pájaros, como la garza real, el zampullín chico, el ánade real o el cormorán negro.
Y como telón de fondo los Picos de Europa. ¿Se te ocurre mejor escenario para darte un baño de película? Además, al no estar pegada a ningún núcleo urbano, no tiene la afluencia masiva de bañistas tan propia de estas fechas. De hecho, hasta el año pasado ni siquiera había duchas, algo que por fin se ha solucionado para la nueva temporada. En su milla larga de extensión, este arenal dibuja curiosas formas en complicidad con el sol y la luna, que marcan el compás de las mareas, y la ría donde comienza la playa.
En esta primera zona, la arena forma una curva donde suele haber un ambiente muy familiar, con niños que construyen castillos en la arena y buscan conchas y otros pequeños tesoros que el mar devuelve a la orilla, sobre todo los días de calma, ya que el agua tiene menos profundidad y luce cristalina, aunque siempre hay que estar muy atento a las traicioneras corrientes del Cantábrico. Desde allí es posible observar multitud de aves que sobrevuelan el estuario.
Paisaje sideral
Si te adentras un poco en el parque, encontrarás un sombrío cementerio de eucaliptos, con sus troncos secos anegados por el agua, inmensas dunas de hasta 10 metros de alto, la frondosidad de los árboles que pueblan el Monte Corona y suaves pastos mecidos por la brisa. Estampas todas ellas muy diferentes y a la vez en total armonía.
El tramo más largo de la playa es recto y está abierto a la bravura del mar. Gracias a su amplitud, puedes hacerte el Rafa Nadal a las palas o el Leo Messi al fútbol sin riesgo de molestar al vecino. También es un sitio magnífico para practicar surf. El propietario de la escuela ‘Surfnsoul’, Martin Zawilla, un francés afincado allí hace más de diez años que ha recorrido toda Europa con su tabla, nos explica por qué éste es un lugar privilegiado para coger olas: «tenemos dos buenas playas muy próximas, Oyambre y Gerra, pero con orientación totalmente distinta, lo que nos garantiza que siempre haya olas en una u otra, según cómo sople el viento».
Otro plan más tranquilo para quienes no soportan estar más de media hora quietos en la toalla es dar un relajante paseo hasta el límite del cabo donde termina la playa, contemplando los reflejos del paisaje sobre la bajamar, e incluso, sortear las rocas que salen al paso y conquistar dos pequeñas calitas que se esconden al fondo, eso sí, con unas buenas chanclas para no destrozarse los pies.
Además de su encanto natural, Oyambre guarda en su memoria una bonita historia con final feliz, ya que en 1929 sirvió como improvisada pista de aterrizaje al primer avión francés que logró cruzar el Atlántico. A bordo de ‘El pájaro amarillo’ viajaban tres osados pilotos galos que despegaron de la Costa Este de Estados Unidos dispuestos a cumplir la hazaña de volar hasta su país sin hacer escala de ningún tipo. En el último momento, se les coló un polizón que a punto estuvo de dar al traste con la aventura por exceso de carga. Tras lograr atravesar el océano y sortear una fuerte tormenta, un motor empezó a fallar, por lo que se vieron obligados a tomar tierra en esta playa cántabra.
Sanos y salvos, contaron su fascinante historia a los habitantes de la zona. El alcalde de Comillas les organizó una fiesta por todo lo alto y al día siguiente fueron portada de varios periódicos. 80 años después, un monolito les recuerda en el lugar exacto donde aterrizó el avión.

En Tuenti
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.