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Los expertos nunca le darán la bandera azul a esta excepcional cala, ni falta que le hace
23.06.10 -
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Playa del Silencio (Asturias). Guarda el secreto
Se llama la Playa del Silencio y lo mejor no es su nombre. En la Asturias que ha hecho del Paraíso Natural un emblema para atraer al turismo, quedan zonas vírgenes, muchas a nada que uno sepa perderse, pero son escasísimas las playas en las que, en pleno verano, todavía se puede disfrutar de la paz más absoluta. La del Silencio es una de ellas, quizás la mejor. Y no sólo por su nombre. Cuesta llegar, no es apta para amantes de la hamaca ni para adictos a la nevera portátil, tampoco es el arenal más recomendable para llevar niños, tal vez porque ni siquiera puede llamarse arenal.
La naturaleza decidió que la playa del Silencio tuviera ‘pavimento’ de piedra, de cantos rodados más exactamente. La naturaleza decidió que el coche más próximo se quedase en lo alto de un acantilado que hay que bajar a pie, hasta hace no mucho con cuidado y entre los riscos, y hoy, a través de una escalera de madera a la que el adjetivo empinada le queda corto. Cortísimo.
Sin ánimo de contradecir al mismísimo Ghandi, aquí la recompensa al esfuerzo no está en el esfuerzo mismo, sino en el resultado. El resultado es una playa en forma de concha de poco más de 300 metros de largo por 30 de ancho. No tiene servicio de socorristas. No tiene duchas. No tiene bandera azul. No tiene nada. Ni falta que le hace. Porque lo que le sobra a la Playa del Silencio es un bien cada día más escaso: belleza. Pura belleza. Con un mar azul esmeralda, del azul profundo del Cantábrico batido, pero por lo general de olas tranquilas, la playa limita al Norte con un horizonte inabarcable; al Sur, con un acantilado de vértigo, y al Este y al Oeste, con rocas como surgidas del mismo centro de la tierra, que la protegen de los vientos. Otra ventaja nada desdeñable.
La Playa del Silencio es, además, dos playas, como sucede en otras tantas del Norte, una en pleamar y otra en bajamar. Aquí, cuando la luna se lleva mar adentro al mar se abre la pequeña cala de El Riego y un sinfín de islotes propios de la mismísima ‘Lost’. Eso sí, queda prohibido dormirse o ensimismarse más de la cuenta, porque la marea puede subir y preparar una trampa de complicada salida. Advertido queda.
Por lo demás, el lugar es apto para el submarinismo, gracias a la claridad de las aguas, y para bañarse, mejor hacerlo con chanclas, ya que la orilla está cuajada de rocas, tan atractivas a la vista como incómodas. La Playa del Silencio es apta para eso y, sobre todo, para viajar sin moverse del sitio en una de las zonas más inexploradas del Paraíso Natural: el Occidente. Guarden el secreto.
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