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La muga de Holanda y Alemania permite conocer ciudades, castillos y ruinas sin bajarse de la bici
22.09.10 -
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El bajo Rin. ¿Quién dijo queso?
Digo Holanda y digo: queso. ¿Y por qué no espárragos? Digo porros. ¿Y si nos quedamos con el vino? Otra palabra clave: tulipanes. Sólo que hay muchas más flores. Y es que Holanda es mucho más que eso. Sobre todo porque el país se llama en realidad Países Bajos y comprende varias provincias diferentes. Tienen en común el agua y las llanuras verdes -a un montón de tierra de 50 metros pueden llamarle colina, es su chiste-, pero hay más. Y en la zona del Bajo Rin, en el sureste, se puede comprobar. Añadamos otro aliciente: el turismo nos lleva a cruzar la frontera con Alemania, antiguos enemigos, cada dos por tres.
De los restos romanos de Xanten al museo del Bosco en Den Bosch, pasando por las callejuelas medievales de Kempen, los castillos en los que aún habitan nobles de rancio abolengo y el parque natural de Hoge Veluwe, los museos al aire libre tanto de arte como de casas antiguas, esta región famosa por sus espárragos aúna historia y modernidad y está en plena expansión turística. Hay que salirse un poco del itinerario tradicional, pero ahora es fácil: hay vuelos de Ryanair desde Santander (www.ryanair.com) al aeropuerto alemán de Weeze, cerca de Düsseldorf.
Tampoco está lejos de Amsterdam, y es que ‘lejos’ en los Países Bajos es relativo: han inventado el concepto de ‘cityzapping’, ya que hora y media es lo que más se tarda en ir de una ciudad de interés a otra. Así que merece la pena llegar al Bajo Rin para darse el lujo de dormir en la torre de un castillo en ruinas o comer en el sótano de un ayuntamiento gótico o darse una buena caminata por un espacio verde protegido en el cual observar animales y plantas.
En el sureste de los Países Bajos, se encuentra la segunda colección más grande de cuadros de Van Gogh, el pintor patrio. Está en pleno parque natural de Veluwe, en el Museo Kröller-Müller. Pasear entre obras de artes y árboles centenarios es una buena combinación, y además está a tiro de piedra de Arnhem, la ciudad holandesa que más sufrió los bombardeos de la II Guerra Mundial (quedó prácticamente destruida). Como contraste, del lado alemán, pueden visitarse Kempen y Linn (en Krefeld, con un castillo abierto al público). Sus callejuelas medievales dan cuentan de las transformaciones que se vivían hace siglos; los bombardeos aliados, al parecer, pasaban casi de largo.
Bienvenidos a Roma
En el lado alemán se halla también una de las grandes ciudades del imperio romano, Xanten, nacida como Colonia Ulpia Traiana. El moderno Parque Arqueológico de Xanten le cuenta la historia al visitante, y los alrededores son conocidos por la tranquilidad del paisaje (ríos, lagos, verde). De vuelta a los Países Bajos, en Den Bosch, lo que encontramos es una típica ciudad holandesa de pasado español. Se puede contratar un paseo por los canales, disfrutar de las terrazas en cualquier época del año, aprovechar para hacer compras (tiene hasta un museo del diseño) y dejarse llevar por los sueños de El Bosco. Nació y estudió en la ciudad, y hay abierto un museo que recrea su estudio.
Vamos, que en el Bajo Rin se puede hacer casi de todo. Por si hiciera falta algún otro gancho, digamos que, como suele ocurrir en el centro y el norte de Europa, sus ciudades son famosas por sus mercados navideños; así que más vale ir cogiendo ya los billetes.
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