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Los ingleses llevan toda la vida recreándose con el aleteo de los pájaros. Aquí puedes hacer lo mismo: 280 especies se dan cita en el Nervión
05.10.09 -
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Aves de ría
Es curioso comprobar la fuerte presencia de las aves en nuestro surtido de frases hechas. Llamamos cabeza de chorlito al débil de entendimiento quizá porque este pájaro, localizable en nuestro territorio, posee una reducida cabeza y cerebro en consonancia. Mandar a alguien al guano, acusarle de pájaro de mal agüero o de buitre son algunas de las lindezas que el lenguaje relaciona con estos animales, aunque también queda sitio para resaltar características positivas… ¡a quién no le gustaría poseer vista de halcón o cantar como un ruiseñor! Las aves forman parte de nuestras expresiones tanto como de nuestra vida. Sobrevuelan los tejados y las escuchamos al abrir una ventana. Conviven con nosotros aunque, la mayoría de las veces, ni siquiera nos detengamos a mirarlas.
Lo que les proponemos ahora es precisamente lo contrario, echarles un vistazo, espiar sus costumbres mediante un recorrido por la cuenca del Nervión y su estuario que permitirá conocer a las aves que nos rodean. Nuestro guía será Gorka Ocio, ornitólogo con años de estudio a sus espaldas. «La regeneración de la ría ha hecho que las aves acuáticas aumenten. Muchas de las que sólo habitaban en la desembocadura de
El Abra remontan ahora el Nervión, lo cual es un bioindicador de que está limpio. El 73% de las aves acuáticas de Vizcaya se hallan en esa zona, frente al 47% de los años noventa».
La Peña
En sus orillas el ecosistema es muy diferente al de los otros puntos marcados por la ruta. Hasta aquí no llegan las mareas y el agua es dulce, por lo que las aves se acercan a beber y lavarse. «El aseo es una labor fundamental, ya que dependen de su plumaje para volar y protegerse del frío». El barrio se ha convertido en un spa donde descansan gaviotas, garzas reales e imperiales, garcetas comunes y andarríos chicos.
«En esta parte se soltaron patos domésticos a los que la gente alimentaba, parece que desde entonces los vecinos se acostumbraron a respetarlos». Y como nadie molestaba a los nuevos moradores, a su relajada dicha se unieron ejemplares salvajes como el ánade real, la cerceta común o el pato cuchara, además de gallinetas, que incluso crían aquí.
Vega de Lamiako
Zona de limos cuando baja la marea, la eligen como restaurante de cinco tenedores diversas especies. Allí se arremolinan los correlimos comunes –hasta doscientos– que llegan desde Noruega y vuelan camino de Senegal para pasar el invierno, «un viaje de tres días si se empeñan en terminarlo de una tirada». También pueden divisarse avocetas que baten su pico a derecha e izquierda para encontrar la comida, agujas colipintas y colinegras, chorlitos grises, avefrías y espátulas, muy amenazadas debido a la progresiva desaparición de los ecosistemas en los que invernan.
«El lugar podría ser un buen emplazamiento para una escuela medioambiental. Además de enseñar a los niños, proporcionaríamos a las aves el descanso necesario para coger fuerzas tras recorrer miles de kilómetros. El desarrollo sostenible de un país se mide también por el respeto al entorno y aún estamos a tiempo de hacer bien las cosas».
Playa de la Bola
Al final del paseo marítimo de Las Arenas, tres ecosistemas –roca, limo y arena– se dan la mano frente al agua. Además de las ocho especies de gaviotas que airean su plumaje –las más raras, la de Delaware, la enana y la cana–, comparten roca el charrán patinegro, que forma guarderías infantiles para cuidar de sus crías; el vuelvepiedras, siempre afanado en volcar obstáculos para descubrir los invertebrados que le servirán de almuerzo; martines pescadores y ostreros, campeones de apertura del mejillón.
En el limo, andarríos chicos, garcetas comunes y zarapitos trinadores conviven en la misma hacienda mientras, en el arenal, esperan la bajada de marea para pescar los correlimos tridáctilos. «Algunas aves llevan en la pata anillas que ornitólogos les han colocado. Es un buen lugar para reconocerlas. Tienen un código gracias al que se puede saber cuál ha sido su recorrido». Con paciencia, los afortunados quizá capten en El Abra el cortejo nupcial de los somormujos lavancos. Tras obsequiar el macho a la hembra con un alga, practican una danza espejo digna de la espera. Más fácil resultará observar a los patos negrones o a los zampullines cuellinegros.
Muelle de Arriluze
Al último punto de nuestra ruta hay que acercarse para otear el paso de las aves más marinas que no suelen colarse en zonas de estuario. Hasta aquí acuden ornitólogos de diversas provincias para admirar al correlimos oscuro, visible sólo en la costa cantábrica. Colimbos chicos y árticos, álcidos arao y alca –pingüinos del norte–, serretas, cormoranes moñudos y alcatraces sobrevuelan el espacio. Curioso es también el eider noruego, pato que cría en este país y del que se obtiene, sin daño, el plumón para rellenar edredones. ¿Cómo? Las hembras desprenden sus plumas para proteger los huevos y, nacidos los polluelos, se recolectan los restos de la acogedora cama.

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