
Un grupo de escolares participa en las actividades de la casa museo.

Mari, la dama de Anboto. La dama de Anboto encarna al más popular de los personajes mitológicos del País Vasco. Reparte su tiempo entre esta cima vizcaína y el Oiz, y se la representa con cuerpo y rostro de mujer elegantemente vestida, pudiendo también hacerlo en forma híbrida de árbol y mujer o de mujer con patas de cabra y garras de ave rapaz. Sus dos hijos, Mikelats y Atagorri, simbolizan el bien y el mal.

Basajaun, protector de los rebaños . Un coloso que vaga por bosques y montes con su cuerpo completamente adornado de vello. La tradición explica que es el protector de los rebaños de ovejas y que anuncia, mediante poderosos aullidos, la inminencia de la tempestad o de los lobos. En consonancia, las reses indican su presencia mediante el tañido coordinado de sus esquilas.

Tartalo, el de un único ojo. El elemento más peligroso del ‘panteón’ vasco es una copia autóctona del malvado Polifemo de la Odisea y, como su hermano mediterráneo, aficionado a comerse a los incautos. Tiene un único ojo y vive entre peñas y rocas a la espera de que pasen sus víctimas. Algunas fuentes lo vinculan con los tártaros, a quienes en occidente se considera la cima de la crueldad.
Izenaduba-Caserío de Olentzero Mungia
Dónde: en Mungia, junto al parque Uriguen.
Horario: Laborables de 10 a 17 horas. Fines de semana, hasta las 20 horas.
Entradas:
Niños, 2 €; adultos, 8 €.
Teléfono:
946740061.
El mito nació en Lesaka pero vive en Mungia... o eso dicen al menos en esta localidad vizcaína, donde a comienzos de diciembre abrió sus puertas el caserío de Olentzero. El alojamiento resulta ideal para semejante personaje, ya que el edificio, Landetxo Goikoa, es una construcción del siglo XVI, una de las casas de labranza más antiguas de la provincia y, sólo por su aspecto, por conocer cómo eran en el pasado los hogares de los campesinos, ya merece una visita. El conjunto ha sido bautizado como Izenaduba Basoa, el bosque Izenaduba, palabra ésta que viene a significar que todo aquello que tiene nombre, existe.
El complejo se presenta como el primer parque mitológico de Euskadi y, como tal, reúne a esos personajes que dieron tanto que hablar en las noches de invierno a la luz de la lumbre. Mitos, sí; leyendas, cierto, pero en la oscuridad de los senderos, cuando el viento agita las ramas de los árboles y sobre el rumor de las hojas se cree escuchar palabras que atraen o amenazan, hay que ser muy bravo para no creer en Tartalo, el gigante del único ojo, o en Basajaun, cubierto con su pelambrera, o en Mari, la de Anboto.
Pero el carbonero de Lesaka no es de esos que se ocultan tras una roca, sino de los que bajan del bosque para traernos regalos y buenas nuevas. En Landetxo Goikoa, situado en un terreno de 6.000 metros cuadrados, la tradición y las nuevas tecnologías se dan la mano para explicar a niños y adultos, urbanitas que han perdido el contacto con la tierra y sus relatos, en qué creían y con qué soñaban nuestros antepasados.
El área arbolada cuenta con atracciones temáticas bautizadas con nombres tan prometedores como el laberinto del Basajaun, el Roble Sagrado de Tartalo o la Cueva de Mari, más simuladores y montajes audiovisuales, que no todo van a ser cuentos de viejas