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Un recorrido por los ?monumentos? que han sobrevivido al espléndido pasado industrial de Vizcaya
20.11.09 -

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Rutas por el patrimonio industrial vasco (Vizcaya). Paisajes de hierro
Es curiosa la forma de mirar, por diversa y subjetiva. Cuando nos detenemos ante un edificio cada cual lo interpreta a su modo, sobre todo si el tiempo se ha cobrado en abandono el correr de los años. Donde uno ve ruinas otro lee historia. Donde uno aprecia decadencia otro distingue hermosura. Donde algunos encuentran ecos prescindibles del pasado otros descubren memoria necesaria para construir el futuro.
El País Vasco cuenta con un inventario de 1.277 instalaciones industriales y de obra pública de interés cultural, de las que el 45,5% levantó sus cimientos en Vizcaya –el 15,9% en Álava y el 38,6% en Guipúzcoa–. Separados narran su propia crónica y juntos conforman la hemeroteca de una era, por eso hay quienes luchan por rehabilitarlos. Saben que de las fábricas emergieron sucias nubes de humo gris pero también barrios repletos de vida sin los que hoy sería imposible entender la sociedad vasca.
Los detallados en estas páginas no ostentan la mayor relevancia. Decidimos destacarlos porque en muchas ocasiones caminamos junto a vestigios históricos sin darnos cuenta. Y va siendo hora de fijarse.
Altos Hornos de Vizcaya
Si hubiese que elegir una imagen para resumir la industrialización en Vizcaya Altos Hornos aparecería en la foto. Empresa puntera de la siderurgia en Europa, el hierro supuso su razón de ser, por eso erigió hornos para fundirlo. Sólo uno queda en pie, el Horno Alto número 1 de Sestao (1959), Bien Cultural Calificado desde 1988.
Antes, durante los años veinte, la firma había apostado por utilizar trenes de laminación, lo que obligó a instalar una subestación eléctrica en la nave Ilgner de Barakaldo. Así nacía uno de los mejores ejemplos de monumentalidad industrial. Con fachada de inspiración clasicista y gran riqueza decorativa interior, tiene cuerpo de hormigón y ladrillo aligerado con amplias cristaleras. Su restauración –alberga el Cedemi– es considerada paradigma de rehabilitación al haber conservado edificio y maquinaria.
Cargaderos de mineral
Durante años los bueyes transportaron el mineral desde los cotos de la montaña hasta la ría, donde eran las mujeres quienes lo embarcaban. Para aliviar esta labor llegaron a finales del XIX los transportes mecánicos que conectaban tajo y cargaderos. Cada compañía disponía del suyo, localizado en la margen izquierda, entre Olabeaga y Portugalete. Llegaron a funcionar veinte a la vez, moviendo treinta mil toneladas diarias.
De aquellas estructuras quedan dos a la altura del Puente de Rontegi, el maltrecho cargadero de la Orconera Iron Ore (1877) y el de la Sociedad Franco Belga de Minas de Somorrostro (1866), restaurado por Bilbao Ría 2000. Dos dados de hormigón y una estructura arriostrada de madera y metal sobre la que se apoya la cinta transportadora forman el último, integrado en un paseo con paneles explicativos sobre su función.
Harino Panadera
El hierro era el pan de cada día en una ciudad como Bilbao, que subsistía gracias a él. Pero el pan elaborado con harina también conoció la gloria gracias a esta empresa –Monumento desde 2005– que dominó el panorama español a partir de 1902, convirtiéndose en verdugo para los tradicionales molinos hidráulicos. El edificio de hormigón donde desarrolló su actividad acoge desde febrero la sede del Área de Salud y Consumo del Ayuntamiento de Bilbao, pero lo más importante de la nave es su contenido, ya que ha conservado la totalidad de la maquinaria utilizada en diferentes épocas. Molinos y poleas conviven con ordenadores, ilustrando la organización vertical empleada antaño durante la producción, cuando la harina corría de piso en piso, a través de una red de tubos y toboganes, hasta convertirse en hogaza o delicioso pastel.
Harino Panadera marcó un hito tecnológico en la época y además imprimió carácter a un barrio, Iralabarri, en el que el fundador de la harinera, Juan José Irala, mandó construir sus características casas de estilo inglés con el fin de alojar a los trabajadores.
Muelle de hierro de Portugalete
La barra arenosa que se formaba en la ría a la altura de Portugalete suponía un freno para la navegación, ya que los barcos de mayor calado no lograban superarla. Para acabar con el problema crearon en 1887 un muelle de contención de casi 800 metros.
El reconocido ingeniero Evaristo Churruca ideó este reto técnico sin precedentes cuyo armazón de hierro se situó sobre pilotes de rosca apoyados en basamento de hormigón. La mayoría de los que hoy pasean sobre él ni siquiera sospechan que caminan encima de una audaz obra de ingeniería portuaria de referencia europea.

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