Fundación San Pedro
Dónde: Araia.
Azucarera Alavesa
Dónde: venida de los Huetos, 79. (Vitoria).
Depósito de Aguas
Dónde: Fray Zacarías, 2. (Vitoria).
Cerámica de Llodio
Dónde: Gardea, s/n. Llodio.
Salinas de Añana
Dónde: Añana.
Puede que el pasado industrial alavés no esté tan repleto de edificios y fábricas como el de las otras provincias vascas, pero no por ello carece de sus propios hitos, representados por instalaciones que han sobrevivido al paso del tiempo. Éstas son algunas de las opciones más indicadas, a juicio de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública, para conocer más a fondo el legado industrial de Álava.
Fundición San Pedro (Araia)
La primera empresa siderúrgica moderna del País Vasco, junto a la de Bolueta, abanderó el paso a la modernidad en la industrialización de este territorio. Sus cimientos se remontan a 1847 y fue el vitoriano Antonio de Larrea quien concibió una fábrica de hierro y acero con tecnología innovadora. En ese proyecto participaron familias alavesas como Ajuria y Urigoitia y su producción se dedicó a la venta de lingotes de hierro y productos como rejas de arado, ejes de carro y otras piezas de forja.
En 1959 la adquirió un grupo kuwaití y siguió en activo hasta 1985. En la actualidad se encuentra en estado de abandono, pero aún puedes reconocer parte de sus instalaciones, como las canteras de caliza y sílice, la presa del Nacedero, la planta de machacado de caliza, las carboneras, el almacén de mineral, las naves de producción de hierro y partes de algunos hornos junto con varias grúas puente. Cerca de ella, aún queda en pie el edificio de la central hidroeléctrica que la firma construyó en 1895. Tras la visita, podrás reponer fuerzas en la sidrería de Araia, en la calle Santsaerreka, con especialidades típicas como chorizo a la sidra, tortilla de bacalao o chuletón.
Azucarera Alavesa (Vitoria)
El que sí está rehabilitado es este edificio, construido en 1904, cerrado hace 16 años y que ahora, tras una puesta a punto espectacular dirigida por Mikel Garbizu, es reutilizado para oficinas e investigación. Su principal atractivo es el viejo pabellón, donde se transformaba la remolacha en pulpa. Aunque económico y funcional, el recinto es un bello ejemplo de estética manchesteriana, obra de Iñiguez de Betolaza, gracias a sus fachadas de ladrillo vista rasgadas con amplios ventanales de celosía acristalada, rematados con arco estilo Tudor. También se conserva la esbelta chimenea de ladrillo que lucía el patio central.
Depósito de Aguas (Vitoria)
El depósito de aguas de Vitoria fue edificado durante la segunda mitad del siglo XIX como parte de una completa red de abastecimiento que unía las estribaciones del Gorbea con la parte más elevada de la ciudad. 19 kilómetros de largo y 150 metros de desnivel salvados por una gran tubería que desembocaba en este edificio de piedra y ladrillo, planta cuadrada y treinta pilares de sillería en su interior, con casi diez metros de altura. En uso hasta 1986, permaneció luego abandonado hasta que el Ayuntamiento decidió reacondicionarlo e integrarlo en el sótano del centro cultural Montehermoso. La rehabilitación de 1994 a cargo de Ercilla y Campo lo convirtió en un espacio expositivo, donde destacan la pureza de líneas y las bóvedas de ladrillo de cañón seguido apoyadas sobre arcos de medio punto.
Cerámica de Llodio
Otra que también se ha renovado es la Cerámica de Llodio, la primera tejera mecánica fundada en 1903 por el Marqués de Urquijo, que luego sería una fábrica de productos cerámicos hasta 1946, cuando pasó a manos de Aceros de Llodio como taller auxiliar para ladrillos refractarios. Las inundaciones de 1983 causaron el cierre y abandono de la instalación hasta tres años más tarde, cuando el arquitecto Iñaki Arrieta la rehabilitó para convertirla en la sede de empresas Industrialdea. En su aspecto final destaca la chimenea, uno de sus elementos básicos, junto al que fuera edificio principal, con sus fachadas recuperadas, al igual que las molduras, goterones y adornos. Ah, sin salir del mismo recinto, puedes degustar la cocina tradicional de Karrika Jatetxea, con gran variedad de pintxos y raciones, o su menú del día, por 7 euros.
Salinas de Añana
Sin duda, dentro de este catálogo de tesoros industriales, destaca uno de los paisajes más espectaculares y atractivos de la provincia y que, para más encanto, se remonta al siglo IX. Sí, se trata de las terrazas de desecación escalonada que forman las 5.500 eras de Salinas de Añana, declaradas Monumento Nacional. El declive de esta actividad se tradujo en la degradación de este conjunto desde los años 60 hasta hacer peligrar su permanencia. Sin embargo, su progresiva recuperación vino en 2001 de mano de la Diputación alavesa, que ha mejorado sus instalaciones y ha puesto en marcha un programa de visitas guiadas por 4 euros para conocer la historia milenaria de este Valle Salado. Tras el recorrido, podrás ‘repostar’ en el asador Gobea, en la cercana Villanueva de Valdegovía.