
Números destacados
El vuelo de Ícaro
Es el origen de la historia y, como tal, está cargada de sensibilidad. El joven intérprete se zambulle y contorsiona de una forma sorprendente, a base de agilidad y habilidad, en la red que le mantiene cautivo desde un particularísimo cielo.
Sobre muletas
El coreógrafo minusválido Bill Shannon deleita al público con su innovadora técnica de danza sobre sus azules muletas. El artista se tambalea como un títere articulado en un baile que no deja indiferente a nadie.
Columpios rusos
Impulsados por dos trapecios, los acróbatas vuelan antes de caer sobre las muñecas cruzadas de sus compañeros o en una lona. ¡Hasta saltan de un columpio a otro en una muestra de audacia asombrosa.
Juegos de Ícaro
Esta antigua disciplina, que rara vez se puede ver en la actualidad, vuelve a la pista de la mano de los madrileños hermanos Santos. Sus cuerpos se convierten en catapulta y receptor en una representación explosiva.
Triple trapecio
Desde sus trapecios, cuatro mujeres se compenetran en una serie de movimientos acrobáticos que muestran al público una gran elegancia y sensualidad. Todo, bajo una sincronización casi impecable.
Sobre bastones
Mostrando una elegancia, fuerza y flexibilidad increíbles, Irina Naumenko hace equilibrios sobre bastones. Ya sea de pie o apoyándose con las manos, mantiene la simetría mientras se contorsiona.
'Varekai'. Circo del Sol
Bilbao
Cuándo: Del 26 de marzo al 19 de abril de 2009. Sesiones diarias con horarios de tarde y noche, salvo los lunes. El fin de semana, función doble.
Dónde: Explanada de Botica Vieja (junto al palacio Euskalduna).
Entradas: 25/90 €. A la venta en www.cirquedusoleil.com, El Corte Inglés y Teléfono 912 754 667.
Sesión benéfica: jueves 2 de abril de 2009, a las 20.30 horas, a favor de la Fundación Adsis. 75 €.
Descuento: Los suscriptores de EL CORREO podrán obtener una rebaja del 20% para una localidad en la función del 15 de abril llamando al T 902 337 711.
Duración: Tres horas.
«Había una vez... Un circo, que alegraba siempre el corazón». ¿Se acuerdan de aquel pegadizo estribillo? Lo cantaban en los años 70 los célebres ‘payasos de la tele’. Tres décadas después del inolvidable boom infantil de esos históricos de las carpas –Gabi, Fofó y Miliki–, en el mundillo se ha instaurado la ‘dictadura’ del Cirque du Soleil. Sus increíbles explosiones de colorido e ilusión protagonizadas por inconfundibles seres extraordinarios gobiernan en cada rincón. Saltimbanquis, contorsionistas, malabaristas, músicos, cómicos... Virtuosos de toda índole conforman la familia circense más extensa del planeta. Su último espectáculo rodante se llama ‘Varekai’ –que en romaní significa ‘en cualquier lugar’– y aterriza el próximo jueves en Bilbao con 56 artistas a bordo. Llega la caravana de la fantasía.
Todo es posible en ‘Varekai’. Cuando la música empieza a retumbar y se apagan las luces, es inevitable dar rienda suelta a la imaginación. El público lo hace. Los ‘nativos’ también. ¿Cómo? Aprovechan la caída de la oscuridad para recrear la historia de un visitante inesperado caído del cielo, Ícaro, en medio de una inmensa algarabía. Como comprobarán, cualquier parecido con el mito griego es pura coincidencia. Quizás sólo coincida con el personaje helénico en el ansia de volar, aunque, en lugar de alas, en la última versión el protagonista utiliza una gran red para suspenderse en el aire.
Más difícil todavía
No sólo el inicio es electrizante. Catorce números en escena durante cerca de tres horas –con un descanso de 30 minutos para reponer fuerzas a mitad del evento– dan para mucho. Las acrobacias se intercalan con buenas dosis de humor. Dos personajes de apariencia seria, Mooky y Steven, son los encargados de dibujar una sonrisa en la boca de los asistentes con apariciones tan absurdas que resultan desternillantes. Es imposible abstraerse. Saltos, volteretas y coreografías inverosímiles ponen luego la nota exótica.
Bien. Se preguntarán qué pasa con la música, si suena con calidad y logra adaptarse a lo que ocurre en el escenario. ¡Como para no hacerlo! Al contrario de los musicales, los espectáculos de la compañía americana tienen por costumbre que una banda actúe en directo. Aquí los músicos son siete, nueve sumados los dos cantantes: un hombre (el patriarca) y una mujer (la musa). Eso de mezclar los rituales hawaianos con gospel, sonidos tradicionales armenios y canciones de trovadores le ha salido de cine a la buena de Violaine Corradi.
La ficción supera a la realidad en ‘Varekai’, un reino donde incluso el visitante puede ser parte activa de la velada. Es frecuente que los artistas se paseen por el patio de butacas. Y al revés. En cada sesión un espectador elegido al azar acaba por sumarse al show. En un número cómico, por supuesto. Olvídense de dar brincos. Eso es cosa de los especialistas.
Si alguien quiere hacerse con una entrada, deberá darse prisa. Ocupar uno de los 2.000 asientos en el medio círculo del Grand Chapiteau no es tarea sencilla. En las recientes visitas del espectáculo a Madrid y Sevilla las gradas siempre estaban a rebosar, y en vista del fulgurante ritmo en la venta de tickets para asistir al recinto de Botica Vieja, en tierras bilbaínas puede ocurrir lo mismo. El lleno está garantizado. Más de 2.500 actuaciones en ocho años avalan a ‘Varekai’.