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Turismo rural y tradición culinaria para disfrutar de esta tierra de bucólicos paisajes
16.11.10 -
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Otoños Gastronómicos (Galicia). La Galicia más deliciosa
Galicia, tierra de meigas, de frondosos bosques de abedules y robles. Ancestral frontera del mundo conocido (Finis terrae) plagada de rías que recortan los acantilados de sus imponentes costas. Región que combina la belleza natural con la superstición pagana, tan bien reflejado por ilustres literatos como Valle-Inclán. Lugar santo de peregrinaje y de culto, pero no solo espiritual, sino también gastronómico. Ahí está su famoso marisco procedente de las ‘Rías Baixas’. Su pulpo o su variado pescado. Sus empanadas y su original queimada. Sus vinos no son de menor calidad. Un Albariño o Ribeiro son reconocidos dentro y fuera del país. Combinar la riquísima gastronomía con el mágico paraje en torno a cualquier casa rural o pazo, algunos con más de cinco siglos, es más que tentador.
Ese deseo se ha convertido en realidad gracias a los Otoños Gastronómicos, una iniciativa impulsada desde la consejería de Cultura y Turismo de la Xunta de Galicia, asociaciones de turismo rural y Turgalicia, que cumple en 2010 su cuarta edición. Su principal objetivo es dar a conocer el turismo rural gallego y ganar adeptos conquistando los paladares y la vista. En el programa participan 117 casas rurales con 213 propuestas gastronómicas diferentes. Desde los más típicos cocidos o caldos gallegos hasta las últimas innovaciones culinarias. Eso sí, todo con productos autóctonos. Un variado plan que está vigente entre el 15 de septiembre y el 15 de diciembre.
Las opciones para el turista son cuantiosas. La idea es que el huésped pueda disfrutar de la excelsa comida regional rodeado del bucólico paisaje galaico. Para ello hay que adquirir el denominado ‘paquete gastronómico’, que supone degustar el menú, pernoctar en el establecimiento elegido y disfrutar del desayuno de la mañana siguiente. Todo ello por 100 euros si es una habitación doble o 60 si es individual. Pero la joya de la corona es la posibilidad de disfrutar de un fin de semana gastronómico, es decir, pasar dos noches y deleitarse con dos menús más sus respectivos desayunos. Esta opción asciende a 180 euros para dos personas y 120 euros en individual.
Además, quienes participen este año no solo saciarán su apetito, sino que podrán optar a uno de los 120 premios escondidos en las 5.000 latas repartidas entre los distintos establecimientos. Los afortunados disfrutarán de un fin de semana gastronómico gratuito y algunos otros descuentos.
Innovación
En el Pazo do Piñeiro, de finales del siglo XV, han ido más allá y se han atrevido a conjugar la comida tradicional gallega con otra más moderna, como la presa de cerdo celta, un plato en auge. Otro ejemplo de innovación se encuentra en la abadía Caldaria, donde agasajan al cliente con una mezcla de sabores fructífera: taco de rape con salteado de popurrí de algas, panceta caramelizada y salsa de txakolí. También hay espacio para una comida más natural, como rollos de ternera ecológicos, debido a que la vaca ha sido alimentada sin piensos artificiales.
Esta combinación de gastronomía típica con nuevas propuestas es vista con muy buenos ojos desde la Asociación de Pazos de Galicia: «El mercado manda. Hay que seguir avanzando. La cocina de autor promueve el interés. Hay que seguir las tendencias».
La iniciativa no solo es bien acogida por el público sino por el propio sector, que lucha para ‘desestacionalizar’ el turismo rural. Desde Turgalicia inciden en la idea de que estos establecimientos son igual de válidos los 365 días del año. «Es un producto muy acertado. Ayuda tras la resaca del verano. Además, se pone en valor los productos de la zona», asegura Jesús Trillo, propietario de la coruñesa Casa de Trillo. Su opinión es la de la mayoría de regentes de este tipo de alojamientos.
Trillo recuerda la gran repercusión de la medida y cómo han llegado preguntando por los Otoños Gastronómicos personas de toda España e incluso del extranjero. Una gran noticia para un establecimiento con solera, ya que en su interior guarda textos del año 1558. No menos impresionante es el Pazo de Eidián, una enorme construcción de finales del siglo XVI. Su portalón se erige sobre un antiguo coto templario. De la orden de los monjes guerreros sobrevive la capilla de la aldea. Es un ejemplo de que cada residencia, por pequeña que sea, esconde una historia entre sus habitaciones, que los huéspedes pueden descubrir. Un aliciente más para dejarse seducir por esta propuesta.
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